Diario de León
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Carlos Carrera García. Sueros de CepedaÁngel Carvajal Carrera. león
León

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Una lección de deportividad

El Atlético Astorga, nuestro Atlético, llevaba una trayectoria digna de elogio tanto en la liga regular de Tercera División como en la fase de ascenso, imponiéndose a rivales superiores en potencial deportivo y económico. El bombo nos llevó a la villa cántabra de Laredo en el último escollo para conseguir el ansiado e histórico ascenso a la Segunda B de nuestro fútbol.

Minutos antes de comenzar el encuentro, una de las gradas del campo estaba ya repleta de seguidores astorganos que comenzaban a calentar el ambiente deportivo con cánticos y el incansable Magín dirigiendo la orquesta. En un número aproximado a los trescientos no cesaron de apoyar al equipo con todo tipo de cánticos y aplausos que intentaban contrarrestar los también números aficionados rojillos, muy ruidosos con pancartas, instrumentos musicales e incluso bengalas. Era una fiesta del fútbol. Sólo la mala suerte privó a los astorganos de un triunfo. El fallido penalti y el gol anulado del cual aún no conocemos la razón, dejaron un resultado remontable para el partido de la Eragudina. Pero lo más hermoso de la tarde tendría lugar una vez finalizado el encuentro. Un exaltado aficionado cántabro se acercaba a la grada ocupada por los seguidores astorganos para increpar e insultar, ante la respuesta de silbidos y protestas de los seguidores astorganos que supieron mantenerse en su sitio ante estas provocaciones.

Fue en ese momento cuando temí lo peor, una marea de aficionados rojillos saltaban al campo y corriendo se dirigían hacia la grada ocupada por los seguidores astorganos, pero cuál fue mi sorpresa que lo único que buscaban eran al bárbaro seguidor del Laredo para zarandearlo y expulsarlo del lugar, pidiendo perdón a la afición del Astorga, aplaudiéndonos y cantando «Astorga, Astorga», lo que motivó que parte de los seguidores verdes saltaran también al campo, se fundieran ambas aficiones en abrazos, los de Laredo cantando «Astorga, Astorga» y los astorganos «Laredo, Laredo» en un final emotivo que arrancó las lágrimas a más de uno viviendo la parte mas hermosa del deporte.

Una lección de deportividad y saber estar que debemos repetir en nuestro campo, ayudando, respetando y compartiendo con ejemplaridad con esa ruidosa afición de Laredo que nos brindó en su campo ese maravilloso gesto. Aúpa Astorga y Aúpa Laredo, que todo discurra por el buen camino y nuestro Atlético demuestre en el campo que futbolísticamente hablando es superior, y que ambas aficiones ya se han ganado un diez por su comportamiento.

Sombras en la entronización real

Hay que remontarse varios siglos atrás en la Historia de España para revivir el título solemne de Reyes Católicos de España. Desde entonces el título ‘católico’ ha estado unido a la corona española, señalando la especial vinculación de la monarquía y la fe católica como elemento unificador de los pueblos españoles y vehículo de la identidad nacional común Pero eran otros tiempos y otras circunstancias. Con la más reciente Constitución de 1978 y el modernismo flotante sobre otros alicientes, todo ello parece amenazar con entredichos de cierta laxitud. Un ejemplo, la omisión de la solemne celebración litúrgica, sí realizada en la última coronación hace ahora 39 años.

Otras monarquías con sendas abdicaciones recientes nos sorprendieron bien con celebraciones y festejos propios, incluso religiosos.

Es necesario entender bien en su justa media la separación entre iglesia y Estado, argumento que se suele esgrimir para que la Corona pierda su sentido de catolicidad. Se aclara mejor la relación hablando no de separación absoluta sino de colaboración entre dos esferas distintas, necesidad afirmada en el Vaticano II: «La separación Iglesia-Estado supone una autonomía legítima, no una ruptura».

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