Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Me aseguran que si ganan los de Podemos todos seremos concejales de algo. Pues a mí que me asignen la concejalía que sea salvo Fiestas. Elaborar un programa de festejos es obra de ingeniería, exige nervios de acero y algo de santidad. Con el pregonero elegido todos nos mostramos receptivos al cambio, si finalmente no puede pronunciarlo el rey Ordoño aceptamos de buena gana que sea Obama. Sin embargo, con los conciertos nos mostramos inflexibles. Cómo con Podemos las actuaciones musicales pasen a decidirse en asamblea, enlazaremos —sin habernos puesto de acuerdo— las fiestas patronales con la nochevieja. El problema va mucho más allá de la discrepancia generacional, simplemente, no se puede ser a la vez madridista y culé. Veamos el caso de la familia de don Fulano, un leonés cualquiera: el hijo mayor quiere que el ayuntamiento traiga a Gamberros Siderales, pues ha oído que el cantante se come una pitón viva en el escenario; el mediano prefiere que venga Miley Cyrus, pues le han dicho en el instituto que se busca la pulga; al pequeño lo que le presta es ver a Pocoyo tocando blues, o en su defecto a los Mojinos Escozíos, pues se sabe las letras. Hasta aquí son discrepancias que pueden ser satisfechas con cargo al presupuesto. Pero es que la familia de don Fulano tiene más miembros: la abuela quiere que venga Paquirrín a pinchar hip hop en el Húmedo, mientras que el abuelo insiste en que él no se mueve si no es para ver a Celia Gámez. Y con tanta variedad en el gusto no hay manera de programar. Ni decisiones en asamblea, ni porras. Lo mejor es traer por decreto a Elvis, que gusta a todos. A ver si para el año que viene le dejan en Las Vegas escaparse un ratín.

Lo escrito hasta ahora es broma, salvo lo concerniente a la gran dificultad de satisfacer los gustos musicales de todos. Por ello, lo más importante en estos días es darse el esquinazo a uno mismo, a las preocupaciones, si puedes. Compartir espejismos.

¿Y al citado don Fulano qué actuación musical le gustaría que trajesen?, se estará preguntando el lector pispo, que ya ha advertido que cité las preferencias de los hijos pero no las suyas. Él y su señora prefieren aprovechar que les han dejado solos en casa. Ah, la fiesta.

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