Diario de León

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Tres nombres: Pedro Sánchez era, hace año y medio, un perfecto desconocido, que trataba, a través de su participación en tertulias televisivas de la serie B, ser algo más popular. Pablo Iglesias, que hace seis meses también era apenas un tertuliano como quien suscribe; y Alberto Garzón, un joven de veintiocho años que se ha convertido, en las últimas semanas, en el puente entre la Izquierda Unida del veterano Cayo Lara y el Podemos de Iglesias. Tres nombres que dan pie a la reconstrucción de la izquierda española. Que va... ¿hacia dónde diablos va la izquierda española?

Convengamos en que poco hay de común entre Sánchez, Garzón e Iglesias. Ni siquiera el repudio a la Monarquía. Ni siquiera el rechazo a las formas de capitalismo salvaje que, a veces, domina el panorama político-económico-social español. Ahora, el teórico liderazgo de la izquierda le corresponde a un joven sonriente, complaciente, un tal Pedro Sánchez perfectamente desconocido hace unos meses. ¿Qué hará para acercarse a Garzón, a Iglesias y a lo que ellos representan? Poco. Sánchez es la izquierda posible, dialogante, pactista. La que seguramente conviene a la actual situación del país. La que quieren, y lo digo en el sentido más positivo posible, la Corona, las empresas y bancos, los medios de comunicación.

Susana Díaz, que ha sido, en el fondo —y en la forma—, la que ha dado la victoria a Sánchez, ya ha aclarado que no estará en la Ejecutiva del PSOE y que no se presentará a las primarias para la carrera por La Moncloa. Así que todavía quedan muchas preguntas en el aire. Como, por ejemplo, quién concurrirá en las elecciones generales contra Mariano Rajoy, o quienquiera que encabece del cartel del PP. Por el momento, lo único cierto es que aún no se ha escrito el último capítulo acerca de lo que vaya a pasar en el principal partido de la oposición en España. Sánchez puede ser un accidente afortunado en el camino. Pero ni mucho menos es el final de la accidentada ruta de un PSOE que ha sabido poner en marcha un admirable proceso de transparencia en busca de un líder. Lo de este domingo ha sido, simplemente, un paso más en la recomposición de la izquierda española, lo que es algo muy importante para el futuro del país. Un país que no puede quedar tutelado en exclusiva por un solo partido que representa al centroderecha, ni al albur de las ocurrencias de mayo del sesenta y ocho de algunos que se quieren gauchistas . Y ahora, hasta ahora, el PP estaba solo, sin una oposición constructiva y razonadamente crítica.

En manos de Pedro Sánchez queda volver al menos a aquel bipartidismo del que algunos abominábamos, pero que era el mal menor frente a la sopa de siglas advenedizas que está amenazando el futuro del sistema. Enorme tarea la que tiene enfrente este recién llegado a la política, que ha entrado en ella por la puerta grande. Confiemos en que no salga por el portillo de atrás. Ni tampoco dando un portazo.

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