Diario de León
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León

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Tengo por la radio una debilidad tatuada ya en mi memoria tierna porque nos era entonces la única tele posible: palabras y músicas salían del aparato ciegas, pero los decorados, sitios y rostros tenía que ponerlos cada cual en su taller de sueños... la radio enseña a imaginar... y con una imaginación suelta podíamos colorear después aquella realidad y aquella calle que se editaban a una sola tinta porque lo monocolor llevaba entonces correaje.

Todos esos recuerdos y otros dos carros más se me despertaron al conocer la muerte de Enrique García Astigarraga, un nombre pegado a la radio local, veterana presencia en las ondas leonesas como presidente del grupo Radio León y sus emisoras en León y Poferrada en cadena con la Ser.

Con Enrique se van, pues, un montón de páginas de la historia de nuestra radio, pues cosidos a su nombre (como al de su mujer, Olga Beberide, y ahora también al de sus hijas Ana y María) van muchos otros nombres, muchas gentes e historias... suyas son cinco décadas en la emisora que más ha entrado en las cocinas leonesas.

Ahí asoma Crémer, que desde esos micrófonos largaba cada día sus Luces de la ciudad, espacio en el que conocimos a su tía Federica, a la que escribía cartas que se oían en todos los hogares y pueblos como si fuera la cita diaria de un ángelus tierno y carraspeado.

O el trajín inacabable de Gelete animando y musiqueando toda una época de soñadores de pelo largo... o los informativos de Magín Revillo, los clubs de oyentes, las campañas de caridad o fiestas... la radio, mucha radio...

Y detrás de tantos nombres que han ido enladrillando este casón solariego de las ondas, asoma discreto y afable Enrique, gerenciando, timoneando, contribuyendo a hacer de Radio León referencia provincial... siempre a pie de emisora, dando continuidad y brega a una empresa familiar que tuvo también que cruzar adversidades.

Todos, pues, hemos perdido con él un trozo largo de nuestra historia radiada, pero sobre todo, al amigo tranquilo de sonrisa por norma, franqueza vizcaína por origen, ironía villafranquina por destino... y enormemente entrañado en lo leonés.

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