EL RINCÓN
Cuarta pregunta
El crecimiento de la economía española ha venido. Nadie sabe cómo ha sido, ni tampoco nadie se lo cree, pero el Fondo Monetario Internacional lo asegura y no vamos a ser los pobres los que le llevemos la contraria.
La insondable institución ha previsto no sólo el estirón económico, sino su celeridad. Los supervivientes de la crisis experimentarán este mismo año un crecimiento económico del 1,2%, que es exactamente el doble de lo que esperaban los más optimistas augures en enero, después de hacer sus crucigramas con tinta, confiando en que no podían equivocarse.
El director del servicio de Estudios del Banco de España, José Luis Malo de Molina, también ve las cosas mejor que nosotros, que las vemos malísimas, pero no nos atrevemos a preguntarle más cosas hasta que no nos respondan a las tres anteriores. ¿Quiénes nos metieron en este lío? ¿Quiénes nos van a sacar de él? Y ¿quiénes pueden ser que no sean los mismos?. Cuando nos respondan a las anteriores, quizá entendamos por qué seguimos a la cuarta pregunta. A los españoles nos contaron que éramos ricos todos y algunos se lo creyeron. Como sus posibilidades fueron siempre poquísimas, decidieron vivir por encima de ellas, ya que por debajo no era vida, y ahí llegó la locura colectiva y el bíblico crujir de dientes.
Las invulnerables entidades bancarias, aprovechando que estábamos con la boca abierta, se encargaron de hacernos la ortodoncia. Vinieron las facturas atrasadas y nos enteramos, poco a poco, de que se habían juntado muchas. Unió, CIU e IU llevaban en quiebra técnica cuatro años. La situación de CIU es angustiosa, pero los apuros mayores son para la formación que preside Cayo Lara, que a pesar de su nombre de magistrado romano, no le salen las cuentas de cuestor y debe más de doce millones de euros. Menos mal que las deudas sólo preocupan a los que tienen el proyecto de pagarlas. Los demás están para sumar y seguir.