Publicado por
Manuel Alcántara
León

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Tendrán que reunirse más veces para llegar a un perfecto desacuerdo. El encuentro último, al que seguirán otros, no ha aclarado nada sustancial de nuestro oscuro porvenir, salvo que no tardará mucho en llegar. El líder catalán, que por cierto no trajo a La Moncloa una corbata de luto en recuerdo de la persona que él llama «su padre político», sí trajo 23 carpetas con propuestas sobre financiación, infraestructuras, política educativa y otros temas que, para que no vayan en adelante, conviene dejarlos parados. Lo que no traía Mas debajo del brazo, quizá para no darlo a torcer, era el Libro de Familia del clan Pujol.

Esa saga de millonarios en euros que partió del abuelito, que era botones de un banco, y puede acabar en un banquillo de acusados.

No se entendieron ninguno de los dos presidentes, pero la verdad es que tampoco lo entendimos nosotros. Uno se pasa de audacia y otro de cautela. El catalán dice que allí «están cabreados con Pujol tanto como los españoles con Urdangarín». La comparación es falsa a más no poder robar del dinero público. No hay más que verlos en las fotografías para darse cuenta de que no tienen el mismo alcance. El golfo consanguíneo llamado Iñaki trepó gracias a su matrimonio con la Infanta, pero el ex Honorable lo hizo sobre los hombros de su pueblo.

Sus confesiones han sido sólo de parte de lo sustraido, ya que no cabía todo en los bancos suizos y andorranos. ¡Qué familias tan raras! En lo único que se parecen los ricos, riquísimos, es en que son insaciables. Unos y otros no se conforman con lo que les sobra. Quieren más, como Mas, al que le han dificultado sus planes, incluso el plan B.

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