FUEGO AMIGO
El bosque blasonado
Aunque el Cea no resulte un río particularmente ilustre ni caudaloso, sus riberas ofrecen, junto al testimonio de algunas ruinas elocuentes y de varias villas principales con historia insigne, el encanto de un recorrido que se desliza desde la abrupta montaña de hoces y hayedos hasta la suave planicie blasonada, pasando por la vega de transición, que señorea la enigmática villa de Almanza. La vega del Cea reúne en torno a Almanza robledales centenarios y jugosas leyendas sarracenas. Entre Puente Almuhey y Almanza los horizontes se dilatan, bordeados de robledales centenarios, de una belleza espectacular. En las lomas que fueron antes tierras de labor compiten ahora las urces con los piornos y las escobas. Poco a poco, los ribazos de arcilla y las construcciones de adobe sustituyen, en suave mudanza, la verde uniformidad cromática de la cabecera del valle.
Villamorisca da paso a los pueblos que llevan en su apellido la pertenencia a la jurisdicción de Almanza. Estamos en ese punto en que la toponimia da lugar a los más peregrinos dislates. Así que de Almanza, Almanzor o viceversa. Por eso el imaginario instaló su harén en su castillo. Almanza conserva un encanto sin alharacas pero muy atractivo. Y ofrece sendas hacia los encinares y robledales de los páramos circundantes: el melojar de Valdefuentes, los pinares de Riocamba. Riocamba es uno de los parajes más hermosos y menos conocidos de León, escondido en el límite con Palencia. Un auténtico paraíso forestal en el que conviven los bosques autóctonos de roble y encina con las vaguadas de abedules y el pinar de repoblación, que aquí alcanza porte monumental.
Como aperitivo, el robledal de Almanza supone una sorpresa ecológica, a pesar del aprovechamiento abusivo que se hizo de sus mejores ejemplares para traviesas del ferrocarril hullero. Luego, el carboneo, que limpiaba el sotobosque de maleza, consiguió esa imagen adehesada que todavía hoy ofrece esta joya forestal. El camino hacia Riocamba pasa por Canalejas, que fue una de las granjas del monasterio de Sahagún. Cerca de la iglesia pueden verse todavía los restos de una casa palaciega con piedras blasonadas y alguna adornada con formas eucarísticas.
Un ramal se dirige a Calaveras de Abajo y de Arriba, dos pueblos a los que la evolución lingüística jugó una mala pasada. Son las antiguas calveras abiertas en el bosque para sembrar centeno. El Centro Forestal de Riocamba, para cuyo ornato se trasladó en 1967 una portada monumental de Vegamián, está en ruina, como denuncia Hispania Nostra en reportaje de Gancedo. Y todo el entorno muestra un abandono inadmisible. Un enclave natural alejado de ruidos: la fuente, el mínimo embalse, una pradera, la capilla saqueada y mucha soledad sonora.