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ANTONIO MANILLA
León

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El folclore leonés, que tanto se asemeja a los sentimientos de las novelas rusas, dice en una de sus canciones más populares: «Si me sacan de León, yo no sé cantar, yo no sé vivir». Nada más falso, me parece. Porque es precisamente fuera de León cuando puede añorarse León, es más, afirmaría que realmente cuando tomamos la debida distancia es cuando podemos ver y sentir León. En su ausencia. Algo semejante contaba el maestro Julio Camba de los turcos, quienes solían «marcharse a ver Constantinopla» alejándose en barca mar adentro cuatro o cinco millas como mínimo. La visión más exacta y hermosa de esta provincia nuestra la tiene la gente de la Casa de León en Madrid, me han dicho, no puedo confirmarlo pero es muy posible porque desde luego mi amigo José María Hidalgo añora Riello a cada instante.

Con tanto leonés por el mundo, recién citado Camba, uno está tentado de escribir que, en León, los niños ya no nacen leoneses o leonesistas, nacen emigrantes. Pero sería una enormidad carente de precisión, cuando la precisión debe ser el adorno de la inteligencia, dejar de apuntar que también los hay que inmigran hacia fuera, proyectándose hacia el extranjero en todas las direcciones, como las ondas de Radio Exterior. Buscar la perspectiva de este rincón de España, poniendo kilómetros y hasta países de por medio, parece ser una de las aficiones últimas más extendidas entre la juventud. «¿Qué saben de Inglaterra quienes sólo conocen Inglaterra?», escribió el poeta Rudyard Kipling, pero tampoco me parece a mí que estén animados estrictamente por el espíritu del viaje por el viaje o el afán sin duda loable de aumentar su patrimonio interior conociendo culturas y naciones. No se trata del amor por lo lejano en vez de por lo próximo que tanto ha servido y sirve para fomentar el turisteo. Hay algo más. Se intuye en el aire y hasta en las estadísticas.

Con la mitad de la muchachada en paro y la otra mitad con el pie en el estribo, lo raro es que no estén todos haciendo las maletas. Pero sigamos pensando que los jóvenes leoneses no emigran para buscarse la vida. Pamplinas. Los más preparados y los más sentimentales se van al extranjero para ver León. Para cantar que no pueden cantar y que no pueden vivir. Al menos aquí. En esta madrastra tierra amada.

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