Publicado por
antonio papell
León

Creado:

Actualizado:

El trabajo de campo de la última encuesta del CIS, publicada después con inexplicado retraso, fue realizada entre el 1 y el 9 de julio, antes por tanto de la elección directa del nuevo secretario general del PSOE que tuvo lugar el 13 de julio y que se consolidó en el Congreso Extraordinario de dicho partido el 26 de julio. El sondeo, en términos de intención de voto cocinada por el CIS, dio un pésimo resultado al PSOE, que registró apenas un apoyo electoral del 21,2%, cinco puntos menos que en tres meses antes, en el sondeo de abril, frente al 30,0% del PP, que bajó un 1,9%. Aquella cronología hizo decir al nuevo secretario de Organización del PSOE que la encuesta estaba «desfasada» y que la remontada electoral estaba «en marcha».

La negación de la realidad por el PSOE recibió recriminaciones de sectores que piensan que la crisis del bipartidismo se debe precisamente a la persistencia de los grandes partidos en negar la evidencia, en distanciarse del discurso realista que mantiene el grueso de la ciudadanía. De cualquier modo, la realidad parece dar la razón a César Luena ya que una encuesta de Metroscopia realizada los días 16, 17, 23 y 24 de julio restablece el equilibrio entre PP y PSOE: la formación gubernamental obtiene el 32,3% de los votos u el PSOE, el 31,7%. Podemos lograría el 10,7 (el CIS le otorgaba el 15,3%), muy por encima de IU/ICV, con el 4,9% (el 8,2% e otorgaba el CIS). De esta encuesta de Metroscopia se deduce que la elección de Pedro Sánchez ha caído bien entre sus potenciales votantes —el 81% de ellos piensa que es buena— y también entre la población en general, pues piensa que es positiva el 54% frente al 8% que cree que es mala. El candidato elegido inspira confianza al 65% de los potenciales votantes socialistas (frente al 21%) y al 34% de la población en general (frente al 43%).

En definitiva, el efecto Sánchez da aliento al PSOE, a pesar de que el nuevo líder es un perfecto desconocido. Ello se debe a tres razones: primera, a que la renovación socialista con un candidato de 43 años rodeado de un grupo de jóvenes y también desconocidos colaboradores supone la retirada de Pérez Rubalcaba y, con él, de las reminiscencias del zapaterismo, identificado —justa o injustamente— con la crisis. Segunda, a que la renovación se ha producido mediante una impecable ceremonia de democracia directa, abandonando por tanto la endogamia de los viejos partidos y dando lugar a la participación directa e incuestionable de las bases. Y, tercera, a las características del ganador, ya intuidas en cierta medida cuando se confecciona la encuesta, aunque, como es natural, este tercer factor es todavía muy débil y deberá consolidarse en un sentido o en otro.

En definitiva, la elección de Sánchez colma apetencias muy extendidas de superación de la crisis y de apertura del PSOE, requisitos prepolíticos. Y ello explica el empate técnico que el PSOE logra con el PP. Pero a partir de ahí, la evolución del PSOE en el inmediato futuro ya dependerá de sus propias obras.

Cargando contenidos...