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León

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En estos momentos somos el país más gobernado del mundo, quizá no el mejor gobernado, puesto que tenemos el mayor número de políticos, en España, uno de cada 100 españoles es político, y en Alemania, uno de cada mil, si Alemania con 81 millones de habitantes tiene 100.000 políticos, y España con 47 millones, tiene 450.000 políticos. ¡Quién les paga el sueldo!

Si la ex ministra y actual responsable de Empleo de una región autónoma deficitaria cobra en un mes más que la mayoría de los españoles en un año, incluso casi cinco veces más que el presidente del Gobierno de la nación, y bastante más que el presidente de la nación más rica y poderosa de la tierra. ¿Qué emolumentos tendrá su jefe, el presidente de esa región autónoma? Será que estos pobres lo necesitarán, me decía un anciano y sabio catedrático de Ingeniería, pobre de solemnidad.

¡Pero qué torpes somos! No hemos entendido nada, lo único positivo que podría haber tenido esta crisis que tan cara esta costando a los ciudadanos españoles, que no a sus políticos, es que se podía haber aprovechado para hacer una limpieza y depuración de nuestro sistema democrático; al igual que cuando hacemos mudanza de casa, una puesta a punto y depuración de errores y corrupciones que se han detectado en nuestro sistema constitucional.

Pero las cosas van a seguir igual, manteniendo a miles de supuestos representantes, políticos, sindicales, empresariales, etc., sin ningún tipo de objetivo ni función, ni mérito y con un nivel de preparación intelectual y profesional ínfimo, cuya única experiencia consiste en medrar a la sombra y cobijo del órgano de los partidos políticos, aprovechándose del sudor y el esfuerzo de los españoles, para medrar.

Y al final, cuando salgamos de la crisis, gracias al esfuerzo de los españoles trabajadores de verdad, ellos seguirán gozando de su paraíso a nuestra costa, por no haber aprovechado la crisis para hacer esa depuración y regeneración.

Y encima, gracias al miedo, casi pánico, que nos han inculcado les daremos las gracias por trabajar como esclavos, merced a la pérdida de derechos, para que ellos sigan viviendo como sátrapas en su satrapía.

Los legisladores, redactores de la Constitución de 1812, reflejaron en su texto introductorio, una declaración de principios «para lograr la felicidad de la nación».

Es decir, nuestros políticos actuales, la mayoría casi analfabetos funcionales que no han trabajado en su vida, que no han cosechado éxitos profesionales, que no han tenido que superar pruebas ni entrevistas de competencia profesional, sólo se encuentran en esas poltronas en virtud de una relación o vínculos de vasallaje a un partido político, ni está en sus presupuestos trabajar para la felicidad de la nación, ni se espera de ellos, tampoco.

En realidad sólo somos súbditos para pagar impuestos. Cuando depositamos nuestro voto estamos concediendo una «patente de corso» al partido político de turno para que hagan con él lo que les plazca, porque además pocos electores mantienen una total coincidencia con el ideario y el programa político del partido al que se le otorga el voto.

Los gestores políticos españoles son incompetentes burócratas que sólo buscan perpetuarse y mantener sus privilegios a cualquier precio, han convertido al común ciudadano en súbdito y sujeto impositivo, es decir en rehén y pagano de los platos rotos por ellos, para todo lo demás estorba.

Con un puñado de votos quedan legitimados para esquilmar nuestros bolsillos y dirigir nuestros destinos, claro que la mayoría de los individuos no tienen conciencia de lo que significa otorgar el voto y la responsabilidad que conlleva, y los pocos que tienen la conciencia y responsabilidad están presos de la inmensa mayoría, por eso mis hijos ya me han espetado «que nuestra generación no puede permitirse dar lecciones de nada, les hemos robado el futuro y los sueños».

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El daño que se ha hecho con esta irresponsabilidad ha sido inmenso, pues nos ha llevado a la ruina y al retroceso de muchos años atrás. Por ello, hemos de corregir nuestros objetivos, es decir no seguir el juego de rivalizar contra los demás, pues han creado una profunda brecha entre los ciudadanos de la nación, aplicando la vieja estrategia de «divide y vencerás», por el color de la camiseta, y despertemos todos para sumar esfuerzos y demandar una clase dirigente adecuada en número, cualificación y responsabilidad, para gestionar esta nación con la diligencia de un buen padre de familia y la sabiduría de los mayores.