Publicado por
Pedro Llamas Rodrigo.
León

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Nunca me ha gustado ser partidista e imitador de ideología alguna. Siempre me he guiado por principios inculcados por mi querida madre durante años. Aquellos que opinan que la deficiente y pobre educación de las anteriores generaciones no ha sido adecuada por la incompleta e insuficiente formación de nuestros antepasados, es ingenuo y arriesgado por clasificarlo de alguna manera. Cada generación tiene rasgos y etapas de cambiable pensamiento acomodándose a los medios existentes y asimilando en lo posible, todo conocimiento al progreso y desarrollo de la época y periodo vividos.

Podemos ser críticos con la forma de acomodación teniendo como principio el punto de partida de la ideología y pensamiento existente en aquel entonces. Mas no juzgarlos bajo la concepción del pensamiento actual. No coincidirá y habrá disconformidad. El evitar ser juzgados los adelantos actuales con la mirada del pasado, es de sabios e inteligentes.

Prefiero seguir mi convencido criterio de defensor de mis principios, siempre opinables y mis pensamientos, libremente aceptados sin coacción, principios que poseo desde mi juventud desarrollados y ciertamente diferentes cada etapa de mi evolución biológica y crecimiento intelectual por los conocimientos, experiencia de la vida y saber del mundo, principios adquiridos con los años de existencia.

Una vida experimentada por las avanzada edad y enriquecida por los destinos y largas estancias en otros distintos países al propio, es valioso y práctico tesoro que puesto en la utópica idea de venta sería un objeto sin valor por ser incalculable. La puja que subieran los compradores siempre se quedaría corta en su valor. Dicho tesoro no es vendible por nada del mundo ni existe comprador que pueda fijar el adecuado y justo precio. Carece de venta y compra por la imposibilidad del cálculo de su valorización.

Pienso que mi escrito pueda tener cabida y quepa en el encaje y acoplamiento de ideologías. Mas procuro no expresar ese objetivo. Escribo aquello que pienso con mi libertad fuera de la férrea disciplina, ataduras y reglas dictadas por la llamada «cúpula de partido» «elevada autoridad», «asesoramiento y consejo de la alta autoridad», que deben ser acatadas por el afiliado con carné de partido. No es mi caso al no pertenecer a partido.

Dudo de los que enarbolan la bandera de la libertad y de medios democráticos de partido. Prefiero chapuzar a mi gusto entre los regueros, riachuelos y ríos del mundo de la libertad sin atadura a ideología de partido.

No quiero compromisos de esa clase. La responsabilidad es mía si sufro percances y trompazos. No tengo excusas para echar la culpa a otros. Decido con mi libertad y al ritmo de mi habilidad y destreza junto con mi conocimiento sin sobrepaso del nivel y límite de mis fuerzas.

Si me ahogo es porque he dicho que sé nadar sin ser verdad y lo único que sé es chapotear como los niños que son excelentes en chapoteo pero de serio, riguroso y efectivo nado para evitar el naufragio, nada, por lo que el hundimiento será seguro con desastroso resultado. Los batacazos y zarpazos me gusta vadearlos y bregar como un incansable batallador de mis principios respetando a los demás que pueden tener razón

Quiero disfrutar de mi libertad guardando los medios justos y reglas democráticas sin exageraciones de que todo se puede. Esa moda de «que más da», «es lo mismo», «no tiene importancia», «son muy pocos» y otros más etcéteras, no entró en mi mente e intelecto durante mi formación ni en los sabios y prudentes consejos de mi madre que sin estudios fue mi sabia educadora y psicóloga.

El pensamiento e ideas procedentes de ilustre y prestigiosa gente de la sociedad bajo la onda de modernidad, reflexiono y medito detenidamente antes de dar agasajo por muy elogiosas que se consideren. Prefiero el nado libre y avanzar con brazadas propias, revestidas de libertad. Si caigo o salto ante la impetuosa corriente y violento oleaje es fallo o mérito mío

Siempre me ha sido útil ser independiente, sin ninguna atadura. Escribo lo que pienso como ciudadano de un país demócrata al que pongo mis serias dudas. En democracia debe haber existencia de «oposición» con propios principios. Sin oposición no se puede hablar de democracia.

Mi cuestión es que si quienes tienen posibilidades y aspiraciones de gobernar hacen trapicheos con los que repudian y detestan a la nación, se puede hablar de democracia? Si a esto se añade que quienes son dirigentes, hacen pactos para la liquidación de la oposición, no existe democracia. No, repito, con rotunda negativa.

Sé que intentan llenar nuestra cabeza de la más perfecta democracia. Sé que repiten «democracia» para endulzarnos y quieren hacer un «lavado de cerebro».

Sé que en países democráticos con garantía de libre expresión, por parte del gobierno democráticamente elegido se da ese lavado. Sé que solamente existen miras numéricas de votos. Sé que siempre que se den aplausos y haya conformidad ante hechos contradictorios seremos demócratas. Sé que sin oposición ya no seremos país demócrata sino... pongan la palabra que deseen.

Se habla de justicia intachable e igualitaria, defensa justa e igualdad de derechos para todos pero mi cerebro sabe y me repite ese maravilloso refrán de «obras son amores y no buenas razones».

Sé que «una cosa es predicar y otra cumplir con lo predicado». Sé que «de lo dicho al hecho hay un trecho». Sé que «es harina de otro costal». Sé que tengo que decir con pena y dolor que, «buen caballero es don dinero» y como sé que me entienden, repito el refrán de «a buen entendedor sobran palabras».

La experiencia me dice que la persona adinerada es libre para hacer cuanto le apetezca. Sé que seguirá inmaculada y sin mancha. El dinero tapa, cubre y oculta la suciedad. No necesito testigos. Mis ojos lo ven, mi cerebro lo siente y detecta y mi voluntad confirma esta dura y triste realidad. Todo lo sé pero ¿para qué?

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Para satisfacer a mi inquieta imaginación y rebelde intelecto que se ha atrevido a escribir estas «verdades» dentro de un país democrático, no?