Diario de León
Publicado por
césar gavela
León

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1.- Amalio Fernández durante la República. El autor de las más intensas fotos del Bierzo en el siglo XX iba en bicicleta a sus veinte años camino del Puente de Domingo Flórez para cobrar las suscripciones del diario leonés La Mañana . Donde el propio Amalio escribía versos y prosas. Él era colaborador-cobrador y una de las personas que más amaron el Bierzo. Lo hacía cada jornada de su larga y fecunda vida. Que dedicó a extraer la poesía, el misterio, la luz y la sombra de las tierras del Bierzo. El otoño y la niebla en los paisajes del Valdueza, cuando los árboles estaban desnudos, cuando todo era distancia, belleza y frío. Y la esperanza de la primavera.

Amalio hacía sesenta kilómetros para ganar treinta céntimos en cada viaje. Me lo contó una noche del otoño de 1973, en su casa de la zona alta de Ponferrada. Sesenta kilómetros y qué fácil es echar la imaginación a volar; pensar en Amalio por aquellas curvas, bordeando las barrancas de Santalla, mirando el enorme talud que corona el castillo de Cornatel. Aquel viaje en bici de cada mes, entre baches y arboledas, también tiene que ver con el Campeonato Mundial de Ciclismo en Carretera. Porque era ciclismo, era ruta y era fuerza. Era Bierzo.

2.- Emilio Villanueva en los años sesenta. En Ponferrada había un ciclista importante, se decía, en el barrio de Flores del Sil. Corría la Vuelta a España, conocía a todos los corredores. A veces iba sin equipo, organizándose por su cuenta. Entonces eso era posible. Emilio era un mito para los niños. Muchos no lo conocíamos; nos bastaba saber que vivía en la zona de poniente de la ciudad. Vivía por allí, corría por los montes; yo nunca lo vi hasta que una vez ganó una prueba. En Ponferrada. Una carrera de un día, creo. Recuerdo su delgadez, sus músculos, su alegría en la victoria, su maillot blanco. En una ciudad gris de Franco, entre la chavalería y otros ciclistas famosos. Tantos años después, Emilio fue persona clave para que Ponferrada sea el centro del planeta del ciclismo en carretera. En estos días únicos.

3.- Y ahora todos los ciclistas del Bierzo. Todos. Los que iban en bici hace cien años y los de ahora. También los que nunca vistieron un maillot. Los ciclistas de los pueblos, los que llevaban cajas bajo la lluvia. Los ciclistas de las bicis de hierro, por los caminos y el tiempo. Todos esos ciclistas anónimos muchas veces reflexionando mientras pedaleaban. Algo que la bici propicia muy fructuosamente. Para ser menos infelices, para encontrar salidas. Eso me pasaba a mí siendo un muchacho de 17 años, en tiempos de íntima confusión. Cogía mi bici Torrot blanca y me iba hasta Villafranca, Toral, Cacabelos… Y volvía nuevo, volvía más sabio, más optimista. El ciclismo es una máquina de vigor físico pero también de alegría, de voluntad y revelaciones. Y en estos días revelará Ponferrada al mundo. Y a todo el Bierzo.

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