AQUÍ Y AHORA
Rapto a plazos
Hay que darle facilidades a los que se quieren llevar a Europa a otra parte. Deberán pagar el traslado en incómodos plazos anuales, pero su suerte está decidida: los europeos no queremos serlo. Cualquiera sabe. Lo único que está claro es que para raptar a Europa nos faltan fuerzas, aunque haya las suficientes para trasladarla. Mi escasa perspicacia política no me impide detectar que entre todas las fuerzas la más importante es la centrífuga. En Escocia no ganaron los unionistas ni los independentistas, porque a la larga van a perder todos. Uno fue educado —es un decir— en la creencia de que Europa, además de la «vistosa cara del mundo», era nuestro destino. No en vano fuimos uno de los países que la contruyeron.
¿Por que ya no le gusta a casi nadie, salvo a los que vienen a pasar una pequeña temporada y a ver museos y catedrales? En opinión de Keyserling, que además de filósofo era conde, el destino del llamado viejo continente sería constituirse en una sóla unidad política. Lo malo es que para eso haría falta tener un emperador y eso no se lleva. Lo que tiene más adeptos es la catetez y una boina bien ajustada construye hotentotes hayan nacido donde hayan nacido, porque oprime las sienes. Nada tiene que ver eso con la hermosa diversidad del mundo, sino con verlo desde un agujero.
Quizá pese demasiado Europa para que la pueda raptar un solo país y sobre todo, ¿dónde se la van a llevar? Permanezcamos atentos al televisor porque faltan horas para enterarnos de si Europa va a permanecer entera. Al puzle le sobran piezas y por algo hay que comenzar el arreglo. Aunque haya que tirar algunas. También hay lavadoras que siguen funcionando con menos artilugios de los que traían de origen hasta que se rompen. Entonces se descubre que no hay donde guardar la ropa, que está más sucia que nunca, ni donde secarla al sol que nos calentaba a todos.