PANORAMA
El gran bazar
Tres horas después de que el presidente adelantara la hora en su reloj parado se rompía uno de sus hombres más flexibles de las últimas horas políticas. Mi esporádica relación con él y el recuerdo de su padre me impide sumarme a los que ahora llevan, cada uno en su mano, la consanguínea piedra. Hay que admirar la inteligencia allá donde se encuentre, ya que es tan escasa como el oro en los grandes ríos, pero sobre todo hay que admirar a las personas que siguen siendo fieles a las cosas en las que jamás creyeron. Eso sí que tiene mérito. Don Alberto, que tenía tiempo para todo, necesitaba que se ampliaran los calendarios para dimitir de todos sus cargos y ha optado por hacerlo en bloque, pero en el momento más inoportuno. La crisis se produce en pleno reto del insensato Mas contra la legalidad constitucional y cuando su reciente majestad Felipe VI está echando una parrafada con Obama. Mal momento para tirar la toalla cuando está empapada de lágrimas, pero lo cierto es que este hombre ha sido abandonado «como los muelles en el alba» del poema nerudiano y sólo queda un charco de lágrimas.
El ya exministro quería anunciarlo en el Congreso, pero Rajoy, que todavía no es expresidente, no era partidario. Su opción era devolver el acta o tragársela. Y todo por la reforma del aborto, quiero decir de sus leyes. Muchas cosas se hubiesen solucionado permitiendo el derecho retrospectivo de no traer al mundo a los descendientes de los que lo han hecho de esta manera. Desgraciadamente eso no es posible y estamos gobernados por las estadísticas. La aritmética ha derrotado a las ideologías, que cambian cada dos por tres aunque no sepan multiplicar. El incendio ha llegado al gran bazar, pero no hay que asustarse, todos los juguetes habían sido adquiridos en ‘los chinos’ y se rompían después de usarlos un par de veces. Lo peor es que se pinchaban. Había que inventar juguetes irrompibles y ministros más o menos torpes pero más duraderos. O nacionalizar a Cristiano Ronaldo.