CORNADA DE LOBO
Santo Agrial
Trabuco matacuras pidió Román Villafañe (leonesista algo romo, pero entrañable y embarcado en un negocio de pins y souvenires con el cáliz de doña Urraca de motivo) cuando se enteró anteayer de que la Santa Sede ha venido a declarar formalmente que el Grial fetén, el único Grial, el verídico, es el que se guarda en la catedral de Valencia. Para la autoridad eclesiástica de Roma esa copa (también de ágatas como esta de San Isidoro, qué casualidad) es la que pide devoción y trato de reliquia, que es como decirle a León que se meta su grial por donde no le cabe ya ni una lenteja.
Chasco y gran bajón tiene Román bufando en furia inútil. El Vaticano ha concedido a Valencia (firma el papa) el privilegio de celebrar cada cinco años un año jubilar dedicado a su Santo Cáliz de la Última Cena e impulsando a su vez una ruta de peregrinación que recorrerá desde Pirineos los lugares que custodiaron ese grial antes de llegar a la catedral incompleta de los valencianos que, por cierto, se hartaron en su prensa nacional de mofarse y desmentir a los leoneses que hace meses presentaban el cáliz de doña Urraca como el más probable grial que perteneció a la vajilla de la Última Cena... Valencia se picó y se rió mucho.
Resumido: Valencia se ha inventado su «jacobeo» trazando una ruta de peregrinación que discurre sólo por los paisos catalans, apuntados de mil amores a este bombardeo de indulgencias que se tornarán plenarias en Valencia ante un cáliz que te borra todos los pecados de golpe si es año jubilar, hala... y de este modo, si aquí tenemos el Camino de Santiago , allí tendrán el Camino del Copón ... porrompompón.
¡Alza el rabo, León!, replica Román... ¡sublevación contra el expolio!...
Romanín, le dijo Sócrates, tírate un pedo y tranquilízate, que la causa no reclama más munición... los dos griales son hijos de la misma fábula y más falsos que las mulas de cabo, aunque la fe mágica del pueblo siga aflojando limosnas por verlas... visto lo cual y visto ese Agrial que te recetan, a León sólo le queda explotar lo del salero de la Última Cena de Hospital de Órbigo... y encontrar a toda costa la casa natal de Pilatos en Astorga... anota, Romanín.