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PEDRO VICENTE
León

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Al flamante secretario autonómico del PSOE, el burgalés Luis Tudanca, le espera una tarea especialmente ardua. A poco más de siete meses para las próximas elecciones autonómicas y municipales, hereda un partido en sus horas más bajas. Al desgaste nacional de la marca PSOE, los socialistas de Castilla y León añaden el penoso daño que se han autoinfligido en unas luchas intestinas alentadas y fomentadas desde la catastrófica bicefalia de estos últimos años.

A Tudanca le toca ahora recomponer a la mayor urgencia la unidad del partido, condición indispensable para poder afrontar el reto de recuperar la credibilidad perdida entre los ciudadanos y rearmar un proyecto político que pueda ser percibido como alternativa de gobierno en esta comunidad autónoma.

El nuevo secretario autonómico parte con dos elementos a su favor. Uno es el plus de legitimidad y autoridad que le otorga el hecho de haber sido elegido directamente por los militantes. Y el otro no haber participado del cainismo interno que tanto ha desangrado a los socialistas de Castilla y León. Ello le coloca en óptima situación para intentar coser esas graves heridas y convocar al conjunto del partido al objetivo común de trabajar en una alternativa política digna de obtener la confianza de los ciudadanos.

El congreso autonómico a celebrar el día 18 debería dejar definitivamente atrás el cisma provocado por la pasada bicefalia. El PSOE necesita una nueva ejecutiva autonómica ampliamente respaldada que olvide las rencillas pasadas para trabajar sin reservas en ese «tiempo nuevo» que propugna Luis Tudanca, quién por otra parte se ha convertido de facto en el virtual candidato socialista a la presidencia de la Junta.

Aunque formalmente el partido está obligado a convocar primarias autonómicas, es evidente que nadie va a osar disputar el cartel electoral al flamante secretario autonómico. En Castilla y León las primarias quedarán reducidas al ámbito municipal, donde se librarán batallas internas que, aunque incubadas durante la pasada bicefalia, no deberían reabrir las heridas ni perjudicar el espíritu de unidad que reclama Tudanca.

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Pese al proceloso mar de fondo existente, el proceso que ha conducido a la elección del nuevo secretario autonómico ha resultado, al menos en las formas, casi modélico. Con un ganador que ha sabido contener una euforia que tampoco habría venido a cuento y un digno perdedor, Julio Villarrubia, que ha reconocido la derrota y ha sido el primero en ponerse a disposición del nuevo líder. La única nota discordante vino de un emponzoñado tuit de Óscar López, a la postre fiel autorretrato del mayor causante de la hecatombe del partido en Castilla y León.