PANORAMA
Corrupción
Los partidos políticos, especialmente los que protagonizan el binomio bipartidista que ha mantenido su hegemonía en prácticamente toda esta etapa democrática, parecen haberse percatado de que la lucha contra la corrupción no es opcional porque la irritación de la sociedad civil ha llegado a tales extremos que la desbandada de los electores, presagiada ya por las encuestas, puede ser tan relevante que, de seguir las cosas como hasta ahora, se produzca algo muy semejante a un cambio de régimen.
El PSOE acaba de publicar un código ético muy riguroso que no anda con contemplaciones y el Partido Popular ya se ha percatado de que debe hacer otro tanto, y ambos partidos parecen decididos a realizar los cambios legislativos pertinentes que persuadan a la ciudadanía de que realmente se ha decidido extirpar la picaresca y la delincuencia del ámbito público.
Pero no es suficiente con erradicar los delitos económicos de la política para que ésta se reconcilie con la opinión pública. Devolver la salud al sistema de partidos, recuperar la confianza de la gente en las instituciones dominadas por las fuerzas políticas, ilusionar de nuevo a la sociedad civil con proyectos creativos capaces de estimular la participación requieren otros cambios trascendentales. Porque, como han señalado numerosos intelectuales preocupado por tanta decadencia, el sistema de representación actual es de una rigidez exasperante, y el candidato que consigue la confianza del aparato para figurar en un lugar eminente en las listas electorales no suele ser el más creativo e inteligente, el más capaz de arrastrar a las muchedumbres y de atraerlas a la modernidad, sino el más dócil y servicial, el que más mano izquierda ha tenido para ganarse la voluntad de los jefes. y, en general, lo bastante mediocre como para que los ya instalados no hayan de temer que los descabalgue.
En definitiva, el problema consiste en la falta de transparencia y rigor en los procesos de selección interna de los líderes en los partidos políticos, que no permiten la circulación de elites, la entrada de savia nueva del exterior y que blindan los puestos de poder para que sólo puedan acceder a ellos quienes forman parte del núcleo burocrático.
El PSOE propuso el pasado mes de agosto una nueva Ley de Partidos, basada en el modelo alemán, que impone una serie de requisitos y depura con rigor la democracia interna de las organizaciones. En concreto, incluye en su propuesta la obligatoriedad de primarias para la elección de candidatos, la paridad para las listas electorales, la limitación de mandatos para sus dirigentes y el establecimiento de un código ético común. El PP, sin embargo, no se ha dado por enterado de semejante requerimiento, que contribuiría a devolver al sistema español de partidos el prestigio perdido. A este paso, es probable que el consenso llegue demasiado tarde, cuando el sistema político español se haya metido ya en un colosal y difícilmente reversible atolladero.