Diario de León
Eduardo Aguirre
León

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Las personas afectuosas memorizan con el corazón. En un ranking de afectuosos colocaría a Maximino Cañón en los primeros lugares. Cuando coincidimos siempre me recuerda lo que le gustó un artículo que escribí sobre él en julio de 1988, cuando era concejal. No ha vuelto a decírmelo sobre ninguno otro mío, debe de ser que con ese ya quedó satisfecho. Aún así, le agradezco mucho esos achuchones a mi autoestima. El otro día coincidimos en la exposición de Andrés M. Casares. Y como era impepinable, ensalzó en público cuando escribí de él que en una comida con Rocío Carrasco dudó de pedir muslo o pechuga. Pero el mérito es suyo, no mío. Lo recuerda en clave afectuosa, primando lo bueno sobre lo malo. Además, lleva dentro un humorista. No obstante, cuando me anunció que quería enmarcar el dichoso artículo ya me puse serio: «tampoco te pases, eso ya sería vicio». Todo debe tener su medida. Afectuoso es también el alcalde de León, Emilio Gutiérrez. La semana pasada coincidimos de nuevo en la calle. Y charlamos, ese lujo de las ciudades pequeñas. En esto, un señor le saluda y le pregunta si le recuerda. Un paisanín, que decimos aquí. ¿Qué fue de Fulano? ¿Qué tal Mengano? Después me dijo el alcalde: «Esto no es populismo, sino afecto». Fue una precisión sutil, pues no son lo mismo. La afectuosidad sólo puede ser sincera. Algunos políticos creen serlo porque en elecciones soban posibles votantes y le tiran del mofletín a los niños. Por ello, un corrupto puede mostrarse sonriente pero nunca afectuoso, es un ser de recelos.

Supongo que todos estaremos recibiendo llamadas de «¡oye, qué os pasa en León!». Y no nos pasa nada que no exista desde que el mundo es mundo, aquí y allá. Tenemos presuntas asesinas y presuntos corruptos pero también héroes manifiestos, como los hermanos de San Juan de Dios fallecidos por ébola. Que lo malo de algunos no nos lleve a la generalización.

Qué importante es ser afectuoso. Y mostrarlo, que no sea un secreto. A mí el otro día una señora me soltó al concluir el homenaje a Jaime Quindós: «¡Dígale a los del periódico que le cambien la foto!». No sé si lo dijo porque al natural gano o, ay, porque pierdo. Pero, como soy de natural optimista, di por hecho que me lo decía con afecto.

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