Diario de León
Publicado por
alfonso garcía
León

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La idea de que basta con cambiar a los que mandan para corregir el rumbo tiene no poco de perversa y traerá posibles frustraciones futuras. El problema es de mayor calado; la urgencia está en cambiar parte de las estructuras del sistema, manejado a discreción y capricho.

En medio de la inmoralidad social de la corrupción con que amanecemos un día sí y otro también -¡y lo que falta!-, hay noticias desoladoras que ocupan segundos planos. Por ejemplo, la ‘feliz’ idea de algunos ayuntamientos: multar (no se andan con bromas respecto a las cantidades) a quienes busquen en los contenedores. Qué desvergüenza, aunque ahora lo estén pensando: ¿trabajos comunitarios? Pero las intenciones delatan actitudes. A finales de octubre también apareció el Informe de Cáritas: habla de un 66 % de la población española que se ve afectada por la exclusión social. O el de Unicef recordando cómo entre nosotros más de tres millones de niños viven «con carencias materiales graves». Desolador. Desolador porque la brecha de las desigualdades es cada vez mayor. Situaciones de tal índole son las que abren las puertas al tercermundismo. ¿No es criminalizar la pobreza? «Son pobres porque quieren», dirá algún eximio cultivador del oropel y el robo. Seguro. Nada de alarmas ni demagogias. Ya está bien de que se escuden detrás de la falta de argumentos, de que acusen de reventar sus mentiras, de no querer saber de sus responsabilidades, eliminadas mediante disculpas, culpas a los demás o barbaridades peregrinas e insultantes que tratan de revestir con una dialéctica tan anticuada e inútil, que huele a podrido. Nuestros señores feudales viven en otro mundo. Venden recuperaciones económicas, países de jauja y maravillas, escaseces propias de sueldo, vidas abnegadas y otras zarandajas que pocos creen ya. A los hechos me remito. ¿De qué se extrañan? Recogen lo que siembran, que el pueblo no es tonto y sí entiende. Cuánta equivocación, con lo mucho que tienen para barrer dentro. Y todo bajo la sombra de la impunidad e inmunidad establecidas. No caben a estas alturas ni perdones ni sentimentalismos, que escapan a las verdaderas directrices de la democracia. Solo justicia. Independiente, claro. Independiente.

Las crisis en general activan muchos resortes, aparentemente dormidos, que buscan nuevos caminos. Se ha corroborado que esta es la crisis de un modelo que ha mercantilizado todo (y privatizado en exceso), con los consiguientes daños sociales y el abono inevitable de la corrupción. De hecho, la actual estructura del poder se derrumba a ritmo acelerado. Hay quien apunta, recurriendo a la clásica terminología, al establecimiento de la cleptocracia, poder basado en el robo, institucionalizando la corrupción, el nepotismo, el clientelismo, la malversación…Es para pensarlo. Con urgencia y determinación. Sin flores a los cerros de Úbeda.

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