Diario de León
Publicado por
EMILIO GANCEDO
León

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Ya hay amistades que dudan un poco antes de venirse a pasar unos días a León. A la vista del papel estelar que hemos desempeñado en los últimos meses en los medios nacionales, no han podido evitar hacerse una idea extremadamente bronca y pendenciera del lugar, como si todos fuéramos por la calle con pistolón al cinto y entrásemos en los chigres dispuestos romper sillas en las espaldas del rival. Otros creen que esto es tipo Jalisco en hora punta de pillar la farlopa o el Mediterráneo más camorrista, ese en el que acaban contigo plantándote dos besos en la plaza de Botines. Yo les digo que no se me acojonen, güey, pero que traigan la cartera atada con varias vueltas al modo de los tratantes de antaño.

Los leoneses aún no hemos asimilado todo lo que ha pasado aquí desde mayo pero resultaría suficiente como para inaugurar un nuevo género de literatura negra, o al menos parda como las capas y la cecina. Asesinan a tiros a la presidenta, enchironan a su sucesor y en el mapa de las corruptelas brilla con luz propia la provincia codeándose con los Madriles y el Levante de las recalificaciones y los maletines. Y en medio de tan turbio trajín, la Dipu («mucho yerro me parece para un obispo», dicen que dijo Felipe II al ver tantos fierros en las ventanas de los Guzmanes) como rumboso headquarters de las intrigas. Por eso resulta tan urgente saber qué demontres ha venido pasando entre sus muros, qué ajetreos se han traído políticos, técnicos y empresarios en medio del aplauso y del jaboneo y de la genuflexión —y del miedo— universales, porque es de temer que todo esto sea la puntita nada más de un mamoneo generalizado: si los jueces hacen a fondo su trabajo de desatasque de cañerías, los leoneses habremos de estarles eternamente agradecidos.

En los países nórdicos el político llega a trabajar montado en su bicicleta, aquí un presidente de diputación puede ganar más que el presidente del Gobierno, monta en cochazos imponentes y negrísimos y hace entradas bajo palio. Visto lo visto, quizá la única forma de hacer de la Dipu la más transparente de España sea tirándola abajo y levantándola en metacrilato. Al final, uno de los amigos se vino y a la altura de la carretera de Zamora venteó el aire.

-Pues seréis toda la cuna del parlamentarismo que queráis pero aquí huele que atufa.

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