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MIGUEL Á. VARELA
León

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C uentan que, durante la I Guerra Mundial, desde la primera línea del ejército alemán se telegrafió a los aliados austriacos el siguiente texto: «Por aquí la situación es seria, pero no grave». Los austriacos contestan inmediatamente: «Pues aquí la situación es grave, pero no seria». La anécdota se pone también en boca del guionista italiano Ennio Flaiano, que respondió con un «la situación es grave, pero no es seria» a la pregunta por la situación política de su país.

En eso estamos. Si la situación no fuera tan dramática, si el desmantelamiento social y económico al que se nos está sometiendo no fuese la tragedia que es, en este país tendríamos que estar tronchándonos de risa ante un panorama político de teveo, una economía basada en el trinque y unas instituciones diseñadas por el peor de los caricaturistas. Y todo ello protagonizado por personajes secundarios de las novelas picarescas, como dibujados por Ibáñez para aquellas historietas de la TIA, la agencia secreta en la que trabajaban Mortadelo y Filemón.

En los últimos días han ocupado espacio en los medios dos brillantes ejemplares de este género. Uno es un jovenzuelo con aire pijo-madrileño escapado del mundo de Borjamari y Pocholo. Su especialidad es el selfie con la casta más influyente y colarse en convites y besamanos. Utiliza un método bien conocido en el mundo del teatro: generar la demanda antes de tener la oferta.

En el teatro, aparece un avispado haciéndose pasar por productor influyente. Presume de agenda y contactos. Dispone de abundantes fotografías, tomadas en cualquier sarao, que lo demuestran. Te ofrece el regreso a los escenarios de una estrella retirada hace tiempo: un pelotazo de taquilla seguro. Cuando ha reunido un buen puñado de compromisos le lleva la oferta a la estrella en cuestión.

Dorando un poco los egos, puede salir. Y si no sale, tampoco pasa nada. Quienes han perdido el tiempo son los incautos que han picado en una gira inexistente. Ese es el pequeño Nicolás, el falso intermediario que a base de echarle jeta acaba en correveidile delirante que te convencerá de cualquier cosa, como bien explicaba ayer Carlos Fidalgo en este mismo hueco.

El otro se llama Enric Marco. Es un nonagenario considerado hasta hace unos pocos años un héroe de la resistencia antifascista como supuesto superviviente de los campos nazis. Aún después de puesta al descubierto su farsa, el sujeto se mantiene impasible en su propia mentira vital, que ha ido creando a lo largo de su existencia. Javier Cercas retrata el caso con maestría en un libro reciente. La descripción de su trastorno de personalidad de la página 153 no tiene desperdicio.

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Son personajes para un país cuya situación es grave, pero no es seria.