AL TRASLUZ
Lágrimas libres
L o afirmó santa Teresa, pero a muchos les ha llegado a través de Capote: «Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las desatendidas». Marcos Martínez ha regresado a la Diputación de León, a donde tanto anhelaba volver cuando estaba preso, «para que algunos le mirasen a la cara». Ayer, casi todas las miradas evitaron coincidir con la suya. Ha descrito su experiencia carcelaria como «una pesadilla» y asegura haber derramado muchas lágrimas. Pero lo previsible es que le queden por derramar muchas más. Mientras hacía unas declaraciones se quebró en llanto. Insiste en su inocencia y que ha sido víctima de un trato «vil» por parte del PP. La suya es una situación compleja en lo judicial, en lo político y en lo humano. Sí, ayer le echó valor, no todos habrían soportado esa presión emocional, aún sabiéndose inocentes. Pero no basta con eso, ahora falta que desvele la verdad. Asimismo, aunque resulte comprensible que muchos diputados no supieran cómo comportarse con él, en unos días se ha de asumir la situación, aunque no sea fácil. Más allá de los graves hechos en los que está imputado, merece respeto y facilidades para desempeñar sus cometidos. También él debe aceptar los cambios y la paradójica situación creada. Hay un secreto de sumario, cierto, pero la institución no ha de quedar sometida mucho tiempo a esta anormalidad, ni siquiera acostumbrarse a ella.
Antes de ser detenido era considerado un santo Job, una de las pocas personas capaces de trabajar con Carrasco en la distancia corta. Este hombre sencillo, recibido con cariño por la mayoría de sus vecinos de Cuadros, se convirtió en la mano derecha de una personalidad complicada, la más complicada de nuestra política. No pretendo ser irrespetuoso al afirmarlo.
Una democracia se mide también por su capacidad para la compasión con los caídos en desgracia, sea por ellos mismos o por culpa de otros. Martínez ha dejado atrás de momento la cárcel, pero aún sigue reo de los interrogantes que su inesperada detención continúa planteando. Este lunes debió de ser muy duro para él, aunque de forma diferente a los días en prisión. Al menos, ayer lloró en libertad. No es lo mismo. Y él lo sabe bien, a su pesar.