La opinión del lector
Hacia una democracia 2.0
H ace ya tiempo que vienen sonando voces que reclaman cambios en el funcionamiento de la democracia española al considerar que presenta una serie de carencias y defectos que se han ido constatando a lo largo de casi 40 años, pero que en ningún tiempo han sido tan evidentes como en el momento actual. Esas voces iniciales que contaron con escaso eco social se han ido transformando en una mayoría que demanda la revisión de diversos aspectos de nuestro sistema democrático.
Si se utiliza un símil informático, la modificación de las diferentes políticas que han ido llevando a cabo los gobiernos hasta ahora sería como modificar las aplicaciones, los programas o las utilidades pero, a diferencia de otras ocasiones, de lo que estamos hablando es de modificar el sistema operativo: la estructura que sostiene, ordena, supervisa, sanciona y corrige todas esas aplicaciones. Nunca hasta ahora en democracia se han tocado los entresijos de esa estructura y es precisamente de lo que ahora se trata pero, antes de iniciar el proceso, conviene clarificar el ámbito y alcance de los cambios democráticos que se requieren.
Nuestra democracia de partidos ha degenerado en una partitocracia bipartidista que junto a la precaria democracia interna de éstos ha creado una oligarquía donde el ejercicio del poder recae de forma efectiva, aprovechando una desdibujada separación de poderes, en las ejecutivas de los grandes partidos. Por tanto, hay que reformar el funcionamiento de los partidos para evitar que se vuelvan a concentrar los poderes públicos en unos pocos y en consecuencia hay que democratizarlos, abrirlos a la sociedad y hacer que en ellos vuelva a imperar el principio del mérito por la vía de generalizar, modificando la ley de partidos, el mecanismo de elecciones primarias. De la misma manera hay que aumentar el poder de los electores frente a las ejecutivas de los partidos permitiendo que los primeros puedan, no sólo votar a un partido, sino escoger directamente a sus representantes mediante listas abiertas y desbloqueadas. No menos importante es garantizar la efectiva separación de poderes y reformar las administraciones públicas evitando duplicidades y garantizando la prestación eficiente de los servicios esenciales.
Se necesita en definitiva nuevo software, sobre eso no hay mucha duda, ahora la cuestión es determinar que queremos para nuestra sociedad, un cambio de sistema operativo o una actualización del mismo. Yo claramente me inclino por una actualización, una nueva versión más evolucionada de nuestro sistema, una democracia 2.0, y por tanto comparto la visión y apoyo a aquéllos que tienen este mismo posicionamiento. Se requiere una actualización que haga más eficiente el sistema, que esté más protegido frente a los nuevos virus que aparecen a diario en las noticias y que cuente con mecanismos de respuesta contundentes frente a los problemas cada vez más complejos que tenemos que afrontar.
Este es un reto inaplazable al que deben dar respuesta los diferentes agentes políticos. Yo estoy a la espera e impaciente por escuchar propuestas, ¿y vosotros?