CORNADA DE LOBO
Voz de machete
Truena el fondo del estadio con gritos coreados que llevan mierda en cada palabra y machete en cada himno... escuchando ese griterío y viendo esas imágenes en la tele, nos removemos en nuestro asiento y ponemos caras perplejas o avergonzadas, como si nos extrañara que unos mocetones de peña ultracolor se vengan arriba rebozando sus consignas con insultos, burlas y humillación a muerte: Messi, subnormal... Ea, ea, ea, Puerta se marea... Eto’o, vuelve al árbol... con estas gracias, una y otra vez, nos atorran los del corro que berra... y a menudo el estadio les ríe, secunda o aplaude... son el alma bronca de la grada para excitar a propios y acojonar a extraños... muchas directivas les premian regalándoles entradas o desplazamientos... y nos alertamos olvidando que si esto ocurre es porque «Los hijos no obedecen, imitan»... fuimos su escuela y se apuntaron al venablo... después, al puñal.. y mañana, a la pistola, como en Argentina, que lleva 301 muertos.
Y llegados a esta violencia en los estadios con las bayonetas y calaveras tatuadas que lucen las pandas de taraos en sus frentes o bloques, casi me parece lírica una pintada de los años 90 en el estadio Bernabeu firmada por el ultrasur Comando Gracita Morales y que proclamaba en letra enorme:
Dios mío, qué hostias damos.
Esa furiosa masa se coloca, además, tras las porterías, tiene al guardameta a tiro de cagamento o botellazo y le entierran a gritos junto a su madre o sus hermanas. La lapidación está servida. Esa grada sólo suda mala baba.
Y llevan banderas, adoran las banderas, las del club de sus amores y, aún más, las nacionales de sus odios, pues cada estadio es ya un bastión nacionalista donde vocea patrias el abencerraje con orquitis aguda... además, cada bandera enrollada siempre es una buena estaca si hay bronca a la salida.
El fascismo azul o rojo prende bien en esas peñas para las que el fútbol sólo es un campo más de sus batallas.
Si ahora viene el Cerezo o un Ciruelo diciendo que echará al violento del fútbol, tururú... y tampoco volverá la fineza del insulto de grada más demoledor y elegante que oí nunca... ¡linieeeer... empleaooo, que eres un empleaooo!...