Diario de León
Publicado por
juan carlos franco
León

Creado:

Actualizado:

Y llegó enero, y con él, además de su tradicional cuesta, las rebajas. Un tiempo al que antiguamente se aguardaba casi con tanta ilusión como a la noche de Reyes, pero que en la actualidad se nos presenta descafeinado. Será que nuestra sociedad del consumo ha matado esa ilusión a fuerza de convertir en habitual un hecho que en otros tiempos era extraordinario.

Los cartelones con los descuentos, frente a los que la gente pasa de largo con la mayor de las indiferencias, me devuelven a los años de la infancia, en los que se apuraban las zapatillas o las cazadoras viejas en los últimos meses del año a la espera de la llegada de los descuentos de enero.

Cosas que pasaban en otros tiempos en nuestros pueblos. Tiempos en los que estos podían mirar sin complejos a pequeñas ciudades, que como Ponferrada, se nutrían y crecían gracias al esfuerzo de esos ‘colonos’ que los miércoles y sábados tomábamos la urbe. No sólo para consumir en las rebajas, sino para ocupar el mercado de abastos con los frutos de temporada. Tiempos en los que tenían sentido esos taxis rurales, tipo ‘Pony Express’ en los que se hacinaban aldeanos y patatas, en un servicio puerta a puerta. Así prosperaron Toni ‘el águila’ en Toral o Gabriel ‘la liebre’ en Magaz de Arriba. y junto a ellos, esas poblaciones y las de su entorno. Tiempos en los que la economía doméstica era la protagonista y sin tener noticias de la deflación de la eurozona.

Tiempos pasados, casi borrados del recuerdo de nuestras gentes, en los que el corazón de nuestro medio rural latía con fuerza. En los que el maestro o el cartero eran noticia por su trabajo diario y no por haberse convertido en una especie en extinción.

Sin embargo, al iniciarse el año, con los propósitos del nuevo ejercicio, se vuelve a poner de manifiesto que los recortes no sólo se aplican a los artículos de los escaparates. Que los que realmente están de saldo son nuestros pueblos, y sus habitantes, artículos de temporadas pasadas a los que nadie les echa un ojo. Las liquidaciones, las de nuestros núcleos rurales, se presentan como meta inexorable a la que llegarán más pronto que tarde por la insensibilidad de una sociedad sin respeto por su pasado. Tal vez sobrevivan a esta temporada, pero su futuro, cada vez con menos servicios básicos garantizados, está marcado a fuego. Como el de cualquier prenda con tara que se desecha hasta para las rebajas.

tracking