León

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Cada presidente del Gobierno que hemos tenido en España nos ha dejado alguna expresión al modo de herencia. El «puedo prometer y prometo» de Suárez abrió una cuasi tradición que tuvo continuidad con el «por consiguiente» cargado del gracejo andaluz que nunca abandonó a Felipe González —aunque residió durante décadas en Madrid— y que dio el relevo en La Moncloa a José María Aznar al grito «váyase señor González». Después llegó un Rodríguez Zapatero al que si se le miden las palabras empleadas en sus discursos probablemente ganaría por goleada la expresión «lealtad», eso sí siempre reclamada a los otros, a los compañeros de partido, a los rivales, a la UE, a las comunidades autónomas... incluso porque en caso contrario se podría ser antipatriota.

Viene esto a cuento del fin de semana político en el que las claves a nivel nacional han pasado de nuevo por los que nunca terminan de irse. Por un Aznar empeñado en seguir marcando el destino del PP y un Zapatero que tampoco evita viejas costumbres y sigue enredando, curiosamente de la mano del que fue su rival y que está especializado en poner una vela a dios y otra al diablo.

La deslealtad hacia Pedro Sánchez con ese oportunismo para hacerse un puente hacia los ‘podemos’ sitúa al político leonés hoy ¿retirado? en el mismo plano de lo que tanto criticó. De un Suárez que no supo irse a tiempo para casa y se empeñó en seguir con un CDS del que aún incluso existe alguno por ahí en activo o casi. De un Aznar empeñado en que el PP se aleje lo menos posible de su cuaderno azul o de un González que tuvo incontables gestos hacia Zapatero para desairarlo y que periódicamente asoma aún la patita por debajo de la puerta.

Para nuestro paisano siempre fue un reto el ser el primero. Incluso cuando aún no practicaba ese running que tanto le gusta ahora. Pero su gesto llega en un momento en el que el PSOE se desangra y no está para más puñaladas. Ayer se ratificó el anunciado adelanto electoral en Andalucía para intentar condicionar el intenso almanaque de urnas que nos aguarda. Rotas las hostilidades con IU parece que el camino pasa por pactar con Podemos para que Susana Díaz tenga vía libre para nuevos pactos en el sur o quién sabe a dónde más. El problema es si todo esto acabará convirtiendo al PSOE en un partido casi regional, con un granero de votos bien repleto de Despeñaperros para abajo pero con unos compañeros al pairo por el resto de rincones de España víctimas de tanta deslealtad.

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