Diario de León
Publicado por
juan carlos franco
León

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Dejamos atrás las estrecheces de enero para lanzarnos en los brazos de Don Carnal, que estos días reina en la comarca con su embajador, y monarca de nuestra gastronomía, el botillo.

Porque a falta de mulatas, plumas y calor, el embutido rey contribuye a elevar la temperatura de cara a sumergirnos en la fiesta carnavalera. Y es que no puede ser otra cosa que eso, el combatir los rigores del invierno, lo que se esconde tras ese afán berciano por rendir pleitesía a un embutido, tradicionalmente hecho con despojos, y que ahora hasta parece ceñirse la corona de su reinado con más aceptación entre el ‘populacho’ que el marido de Letizia —sus acompañantes, los chorizos, hace tiempo que dieron ya la batalla por perdida en su pugna por ostentar el reconocimiento como tales frente a no pocos de los que integran esa aristocracia de hoy en día que son nuestros políticos—.

Si bien en los últimos tiempos parece que la cosa se ha moderado un poco, también será achacable a la crisis que apechuga como nadie con todas las culpas sin rechistar, no es menos cierto que hubo un tiempo en el que cualquier pueblo o barrio del Bierzo, que se apreciase de serlo, no podía sacar pecho si en su ADN no había una botillada popular. Algo así como ocho apellidos bercianos distribuidos entre trozos de costilla y rabo, recubiertos por tripa de cerdo.

Sin ser los de antes, el número de bacanales de botillo, entre fiestas de andar por casa, festivales nacionales y cachapadas varias continúa haciendo las delicias de carpantas, colesterol y sales de frutas. Desde el pistoletazo de salida que esta noche dará en Fabero el primo de Ronaldo hasta el de los mayores de cualquier lugar de la geografía berciana —que también ya son ganas de complicarle la vida a los responsables médicos de los geriátricos—media docena larga de eventos gastronómicos pondrán en jaque dietas de alcachofa, hipocalóricas o del cucurucho.

Es tiempo de cuchara, de mesa con mantel, vino entre amigos, ... pero sobretodo de botillo. No nos resistamos más, que nadie pierda el paso entre sermones y bendiciones —tiempo tendremos para arrepentimientos y penitencias en la cuaresma—. No lo demores más Roncero, que Manolo, Jesús y todos los demás aguardan.

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