Diario de León

SEGURIDAD Y DERECHOS HUMANOS por ARTURO PEREIRA

Espíritu militar

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H ace unos días tuve ocasión de releer la obra del general Guderian Recuerdos de un soldado. Heinz Guderian fue ante todo un soldado prusiano en el que los valores que inspiraban su formación eran una guía no sólo para su carrera militar, sino que constituían un código de conducta que regía toda su vida.

Fue uno de los mejores generales de la Segunda Guerra Mundial. Combatió por su patria alemana y se enfrentó en múltiples ocasiones a Hitler. Cristiano y defensor hasta las últimas consecuencias de sus principios no aceptó, ni permitió a las tropas bajo su mando, que ejecutaran las órdenes emanadas de los jerarcas nazis sobre la política de extermino de los judíos y población civil de los territorios conquistados, principalmente en Rusia. Este comportamiento le valió para que los Aliados le eximieran de toda responsabilidad tras la conclusión de la guerra y contarán con él como asesor.

En un mundo como el que nos toca vivir carente de valores absolutos, quizás podamos inspirarnos en personas como Guderian para que nos sirvan de referentes. No era un belicoso, epíteto que se suele asociar a los militares. Sus valores provenían de un cristianismo profundamente arraigado, su paso por las academias militares y su extensa cultura.

Sirvan de ejemplo de sus valores los requisitos que se exigían a los oficiales para ingresar en el Estado Mayor alemán: «Integridad de carácter, intachable corrección, porte personal y un determinado modo de vivir dentro y fuera del servicio». Estos requisitos eran condición previa a la evaluación de las capacidades profesionales, sin su cumplimiento se excluía al candidato.

Obsérvese que aparece la palabra «servicio». Palabra hoy en desuso. La milicia es servicio a los demás, formar parte de una misión que sirve al interés general supeditando el interés particular. Esto no casa bien con el individualismo que se ha convertido en la médula espinal de nuestras sociedades.

Las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas Españolas establecen en su artículo 14 bajo el epígrafe de Espíritu militar: «El militar cuyo propio honor y espíritu no le estimulen a obrar siempre bien, vale muy poco para el servicio». En su artículo 15 titulado Primacía de los principios éticos determina: «Dará primacía a los principios éticos que responden a una exigencia de la que hará norma de vida».

Son modelos de ser y entender la vida que hoy pueden parecer trasnochados, relegados al olvido por unas sociedades de apariencia donde se valora más parecer que ser. Lo que siempre ha movido a las personas singulares es una fe férrea en los valores que defendían. Nadie puede ser un buen militar si no antepone el interés público al suyo particular. La propia naturaleza del servicio de las armas como valuarte de la sociedad con la finalidad de asentarla firmemente, impone una forma de vida llena de sacrificios para los militares. Sacrificios familiares, traslados de destinos y una disciplina que vertebra todo el modelo de hacer y pensar de la milicia.

Siempre me ha impresionado el ascetismo militar y el régimen espartano de convivencia que se traduce en una fusión de los distintos estamentos de la milicia. No es infrecuente ver en desierto compartir a un coronel su ración de alimentos con los soldados. La jerarquía es intrínseca a la milicia, pero no supone como está decir ahora de moda «casta» sino organización, distintos niveles de toma de decisión y distintos grados de responsabilidad.

El respeto a la palabra dada es otro de los baluartes del soldado. Es una tradición en el Ejército español. En este han quedado depositadas las grandes virtudes de sus soldados, muchos de ellos ilustres, haciendo bueno lo que establece el derecho romano de «pacta sunt servanda», que cuando los romanos ya lo implantaron por algo sería.

Creo que no nos vendría mal recuperar algunos de estos valores. Nos iría un poco mejor y sobretodo se podrían exigir más responsabilidades y con un mayor fundamento ético a aquellos que consideran que todo vale. También considero que a más de uno le vendría bien un barniz de cuartel para que aprendiera lo que es el interés de todos y conducirse con dignidad por la vida.

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