Diario de León
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LUIS DEL VAL
León

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D esde Edipo hasta El rey Lear , desde Hamlet hasta Los hermanos Karamazov , a la literatura le quitas las miserias de la familia y se queda en unos pocos poemas y un par de narraciones de amor.

Contemplo las declaraciones de algunos de los miembros de la familia Pujol con alma de escritor, con ánimo de voyeur, al que le han permitido asistir al interior de la sala del juzgado sin necesidad de acreditarse como periodista. Eso te proporciona mayor libertad, porque no tienes que escribir la crónica y puedes concentrarte en la observación sosegada.

Conozco algo de la familia en general, porque tengo familia, aunque los escritores narramos asuntos de especuladores, de putas, de policías o de monjas, sin tener mucho conocimiento de ello. Eso sí, de la familia sabemos casi tanto como el lector.

El patriarca de la familia Pujol creo que tiene ochenta y cinco años. Su primogénito bastantes menos, pero escucho cómo el padre dice que no sabe nada de los delitos que le imputan, y que el que decide y es responsable es el hijo. Por su parte, mamá Ferrusola confiesa lo mismo, y me estremezco de felicidad al no haber nacido en el seno de esta familia cainita, que vende al primogénito por un plato de cuentas corrientes en Andorra.

Confieso que soy un inmoral en lo que a mi propia familia se refiere. No es que ocultara a mi hijo o a mi hija de cometer un asesinato —palabras mayores— pero llegaría a la falta de ética por librarles de un descuento de puntos en el carnet de conducir, e incluso me echaría las culpas sobre un delito sin derramamiento de sangre. Dada, pues, mi condición de pervertido moral, me estremece profundamente contemplar a papá Pujol y a mamá Ferrusoloa echándole todas las culpas al primogénito que, con estas ayudas inestimables, podría pasar unos años en la cárcel.

En esta familia ejemplar, el abuelo fue defraudador, el padre conseguidor, pero el culpable es el nieto. Me imagino a mí mismo, pillado con el carrito de los helados, y me produce náuseas imaginar que le digo al juez que el carrito me lo ha dado mi hijo, y que yo no sabía nada.

Del verbo saber, ya sabíamos que el ex presidente de la Generalitat de Cataluña no era precisamente muy honorable. Lo que ignorábamos hasta hace bien poco es que nos ha salido un padre realmente miserable.

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