LA LIEBRE
Furtivos
S e saltaron el primer viernes de Cuaresma los lobos, los buitres y los guardas/furtivos, cuando no los tres en una misma persona, que el misterio de la santísima trinidad se inventó en el monte. La resaca de la nieve de este invierno, que no tiene nada que ver con la que cae a ras de mesita todo el año y acapara menos titulares, dejó las laderas sembrada de cadáveres para provecho de los carroñeros, que se han puesto a hacer boca antes de que lleguen las elecciones. Lo que nos queda por ver. Hay más pedagogía sobre el ciclo de la vida y la evolución de las especies en una elección de candidatos que en dos noches enteras en la reserva de caza de Riaño; no en vano, si pusieran una cámara en la sede del PP, PSOE, UPL e IU a partir de ahora íbamos a tener para el próximo año entero de documentales de siesta patrocinada en La 2 a partir de las cuatro de la tarde.
El rastro de la sangre sobre el lienzo de la nieve ha descubierto la tramoya de la naturaleza para urbanitas. Un cuadro salpicado de ciervos decapitados a los que venció el medio y los remataron los elementos, por ponerles un nombre; un bodegón que atribuyeron a los furtivos sin que se supiera todavía la autoría de los hechos. Luego, resulta que en la mayoría de los casos habían sido los agentes forestales para evitar a los desaprensivos que se pegan por los trofeos, mientras la Junta se llevaba las manos a la cabeza como si les hubieran entrado en casa, cuando todo cabía en una explicación ordenada. Catastrófico, insistieron, ante la escena de los centenares de restos esparcidos por ahí para pasto de los depredadores; quizá lo más lógico, pero prueben ustedes a que se les quede una vaca muerta en el monte por un accidente, ya verán lo que tarda en llegarles una receta con el remite de la delegación territorial y una cuenta corriente en la que ingresen la multa.
La alusión a los furtivos no cabe en la cabeza de nadie que haya hablado cinco minutos con uno. Para degollar un medalla de oro ya muerto y dejar ahí los despojos hay que ser otra cosa: quizá uno de esos señoritos a los que le ponen a empujar la pieza, que campan sin que se les meta en la etiqueta del furtivismo tan sólo porque la tarjeta visa les abre la cacería a pesar de que haya veda. Esa es la única selección que no es natural.