Diario de León
Publicado por
PEDRO TRAPIELLO
León

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Tabla en el abdomen, morcillote en el brazo, alicates en el culo y mallas en las patas... ya tenemos el estereotipo del machito urbano que se cuida, hace deporte y tal y tal... cultura de la salud moderna en gimnasios o pistas de padle o por el carril del parque haciendo futin que ahora llaman runin y mañana espidin.

Noticia sorprendente: la industria de equipamientos deportivos no sólo ha resistido estos años la crisis aguda, sino que experimenta crecimientos envidiables y amplía horizontes, cuando cabría considerarlos como artículos de segunda o última necesidad, manda pelotas, manda estáticas y manda rosas a Sandra. ¿Quiere decirse que la gente renuncia a cosas básicas, pero no a estar guapos y vestirse como un triatleta?...

De hecho, y sin que escandalice más que a los puretas, un traje de etiqueta puede combinarse hoy con unas zapatillas deportivas de color fosforito con incrustaciones de cristalería, pasamanería y brocados... lo mismo que un abrigo de visón hace nupcias ya con unos leggins que antes Maricrú llamaba leotardos y aún antes Quevedo calzas. Lo del «todo vale» era verdad.

Y en estas me viene al recuerdo que todo el equipamiento deportivo que tuvimos en mis tiempos de bachillerato era un «meyba», que tanto nos valía para hacer deporte de cancha como para la piscina; en cuanto a la camiseta, con una de albañil de tirantes sobraba; y en cuanto al calzado, ¿qué decir de las eternas chirucas?... El caso era que el primer meyba (bañador con cintura elástica y suspensorio interior que empezó a salir en la década de los 40 de las fábricas catalanas de Mestre y Ballbé) te lo compraban grande para que durara lo más posible en los años del estirón, así que el mío me pareció siempre un faldumento tieso y vergonzante porque su tejido, además, era tieso poliéster que te hacía siempre raquítico. Pero redimiría su vulgaridad cuando el 1980 el Barsa lo adoptó de equipamiento. La Cultural, sin embargo, siempre usó calzones de algodón blanco... era cuando Crémer llamaba al fútbol deporte del patadón y Duviz, bañezano ejemplar, jaleaba al equipo con su «aúpa Cultu triquitracatrá»...

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