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juan carlos franco
León

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H ay optimistas que aseguran que febrero ya es primavera. Animada por la hora y media de más que regala el abogado de la garganta, mucha gente se autoconvence para encarar el año pensando que los rigores del invierno ya quedaron atrás. En no pocos casos son los mismos que llevan tiempo pregonando que la crisis también es cosa del pasado. Optimistas por naturaleza.

Sin embargo, este año no. La temperatura de la calle se mantiene gélida. Casi tanto como los viandantes que tienen que soportar reproches infantiles —en el mejor de los casos— entre políticos profesionales y estupideces —en las más de las veces— de quienes dicen defender sus intereses. La última la hemos tenido que escuchar en relación con la ansiada autovía a Orense. Ahora resulta que aguardar a que las obras se inicien dentro de dos años, en el mejor de los casos, es todo un éxito. Y así lo anuncian sin el menor rubor.

Está claro que para ellos, el verdadero logro fue, y eso no se atreven a decirlo en público, haber pisado moqueta en un ministerio. El motivo que les llevó allí es secundario, y el resultado del encuentro, también. Por eso se escucha lo que se escucha.

Lo que importa, nos dicen, y nos intentan contentar con eso, es que ya no hay marcha atrás. Ignorantes ellos, todavía no se han enterado de que después de años de rondarla, la gente ya no se conforma con una marcha atrás, sino que quieren que empreñe de una vez.

El problema es que el retraso en el empreñamiento apunta directamente tanto a una falta de fertilidad de la madre que debe engendrar el proyecto, como a una ausencia total de ‘ímpetu’ de quien tiene que apretar para conseguir el feliz desenlace.

Está claro que, así las cosas, no iba a ser un Niño (don Manuel) quien diera las buenas nuevas sobre el próximo alumbramiento. Era previsible y se confirmó. Tal vez por eso, más allá de cuatro calentones de barra de bar, el nuevo ‘circulito negativo’ en el test de embarazo que se han traído haya sido recibido como algo lógico en una pareja en la que ya ni discuten sobre si se puede o si se quiere.

Ahora sólo queda encomendarnos a otro Niño, el de la Lotería del cinco de enero, para conseguir ver parido de una vez por todas ese proyecto.

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Mientras tanto embocémonos en la bufanda que el frío no remite y la primavera, como decía Donés, no llega.