Diario de León
Publicado por
alfonso garcía
León

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L a enfermedad, cuando se contempla desde la distancia, produce menos dolor, acaso olvido o indiferencia. Pero convivimos permanentemente con ella y con sus consecuencias. Hace ya años tuve que compartir con no pocos laringectomizados durante largas y a veces duras sesiones el servicio de foniatría, en un intento de evitar males mayores reeducando la voz. Su pérdida es uno de los motivos de no pocas exclusiones sociales, al carecer del más preciado vehículo de comunicación. La historia de esta pérdida es una de las historias más dolorosas de la enfermedad, dado que suele tener un origen severo y unas consecuencias de traumática visibilidad. Aquellas sesiones, digo, aún con el sueño pegado a los ojos, se suavizaron con frecuencias gracias a la solidaridad y al empeño inquebrantable de superación que habían acometido como horizonte de vida. Toda una lección, un ejemplo y una esperanza fundada. Y de ahí nacía, se repetía una y otra vez la voluntad de seguir ayudando, asistiendo y reeducando.

Nació entonces la amistad con Sindo y otros muchos, cierta colaboración incluso y la progresiva constatación de los progresos que la Asociación de Laringectomizados de León (ALLE) conquistaba y proponía y que sirvió de modelo a otras asociaciones, de carácter nacional e internacional, que vieron en la leonesa métodos y realidades palpables que con frecuencia rozaban el asombro. Esta cercanía me tenía al tanto del progresivo abandono institucional, a pesar de la palabrería maquillada, a que iba siendo sometida la Asociación, salvada del k.o. en algunos casos por ciertos reconocimientos dinerarios llegados desde prestigiosas asociaciones foráneas. Como siempre. A pesar de estar declarada de Utilidad Pública, fueron cayendo del proyecto el coro, la revista, los gastos de desplazamiento…, en una clara dejación de las instituciones, que han obviado fundamentalmente su probado carácter asistencial. «Falta voluntad política», afirma el presidente de ALLE, Gumersindo Rodríguez, sabedor de que la voz de la dignidad, del derecho y del compromiso –la única voz útil y verdadera en estos momentos de arbitrariedad y dudosos silencios cómplices- nadie es capaz de amordazarla.

Recurre un señor ministro a la deuda griega alegando que servirá para no sé cuántas subidas. Reconozco la mayor, no sus consecuencias demagogas, por falsas. De ser así, ¿cuántas subidas y ayudas con tanto como se trinca en la vieja piel de toro? La filosofía del ytúmás no ataja el problema, lo desvía. Incluso, supuestamente, en algunas de las instituciones que niegan colaboración. Dialoguen todos, por favor, si es necesario. Y es que si el robo y la trampa oliesen, el olor de mierda sería absolutamente insoportable. Cada día hay una nueva cagada. Y aquí nadie dimite. En una democracia avanzada, ¿se imaginan cuántos habrían caído ya del caballo? Si lo prefieren, del machito.

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