Diario de León
Publicado por
maría j. muñiz
León

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N o hay mes sin fecha señalada. Ni acontecimiento o celebración colectiva que se precie sin lazo que decore regalo, a la vez que atrapa consumidor atado a campaña de exaltación del sentimiento que toque. Ahora toca el día del padre. El mes pasado fueron los enamorados todos. A poco más de un mes vista la exaltación de la maternidad se debatirá otra vez entre la batidora y el anticelulítico, el aspirador o el antiarrugas, el diamante/bolso de marca o la flor.

Es el calendario regalador. Tiene su lógica consumista, y el consumo debe ser algo bueno cuando en él se asientan las esperanzas todas de la recuperación económica. Pero los motivos regaladores tienen un algo de acoso que se torna más dramático conforme pasa el tiempo. O conforme la vida de va regalando cosas, al tiempo que te priva de otras.

El bombardeo publicitario acorrala a los otros. Los que no tienen padre ni son padres. Las que no tienen madre ni son madres. Los que no tienen enamorados, ni perrito que les ladre. Los que se quedan fuera una y otra vez del obsequioso interés del consumismo. Quienes han visto cercenados los motivos de exaltación colectiva de sentimientos que pueden ser mayoritarios, multitudinarios incluso, pero que resultan muy ajenos a su circunstancia. Aún así, les persiguen incansables en anuncios, intromisiones en sus buzones, mensajes en sus nada privados correos o teléfonos,...

Los otros viven acorralados. Heridos doblemente en sus ausencias. Porque las padecen, y porque el festival erótico-festivo de los regaladores no les da respiro.

No tienes padre, o no eres padre, pero durante más de un mes será inevitable que te recuerden que este debería ser el momento para homenajear a tus progenitores o ser celebrado por sus herederos. Si no es así, ¿qué pintas en esta fiesta? De la que, por otra parte, no puedes librarte.

Es esta una sociedad de estándares. De estadísticas. La circunstancia de la mayoría aplasta a la realidad de una, creo sinceramente, no tan minoría. Posiblemente el abrumador porcentaje de objetivos consumidores justifica el asedio al resto. A los otros. Los que se ven expulsados de estas o aquellas campañas. O los que reciben como una patada en los morros la económica exaltación de los amores que les han sido hurtados. Pero eso no cura sus heridas. Cada melosa campaña en pro de unos profundiza las heridas de los otros. El día del padre es otra corbata al cuello que ahoga ausencias. Feliz celebración masiva.

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