AQUÍ TE ESPERO
Mejor que no
H ace varios años escribí aquí sobre la conveniencia de que la Catedral permitiera subir a sus torres para tener desde ellas una magnífica vista de la ciudad, que hasta hace poco sólo podíamos conseguir desde Las Lomas, El Portillo o bajando desde La Virgen, bien por Trobajo del Camino o por la ronda. Desde el Cabildo se pusieron a marear la perdiz (no me extraña, porque tardaron varios años en aceptar mi propuesta de cobrar entrada, esa que ahora permite restaurar la propia Pulchra ¡lo que se hubiera podido hacer si hubiran reaccionado antes!) y en lugar de buscar la solución más fácil y rápida se pusieron a pensar en ascensores y proyectos irrealizables.
El jueves se estrenó en Valladolid el ascensor que sube a la torre Sur de su catedral. En León no cabe ascensor. Bueno, puede que quepa, pero se necesita hacer una caja, lo que entraña dificultades por la «fragilidad del subsuelo» ya que la Catedral se levantó sobre el palacio de Ordoño II, que a su vez estaba edificado sobre unas termas romanas... Pero volviendo al tema que me ocupa. Si de verdad se quiere hacer visitable la torre y los tejados nada como utilizar lo que ya hay. Si son 182 escalones, como si son 200, si la escalera es angosta, de caracol y los peldaños altos, tampoco importa. Ya se sabe que la vida del turista es dura, pero si hay que subir, se sube aunque se llegue con el corazón en la boca.
Lo que ocurre es que cuando hace años escribí sobre la conveniencia de facilitar este acceso, yo no conocía de cerca la vista de la ciudad desde arriba, sino desde los cuatro puntos antes citados. Pero ahora ya existe un lugar desde el que contemplar los tejados de León. Me refiero a la azotea del hotel Conde Luna, desde la que puede verse por el día, porque la noche leonesa es tan oscura por falta de luminarias adecuadas, que de noche es imposible distinguir algo más que los monumentos.
Pero es que después de contemplar la ciudad desde el Nimu llegué a la conclusión de que, mejor que no la vea nadie desde arriba. Es una ciudad fea. Si obviamos los cuatro grandes monumentos, lo demás no tiene gracia ninguna y es un conjunto de paredes blancas. Sí, paredes blancas que llaman la atención. Paredes interiores que se ven por las diferencias de altura. Porque en León se han cometido auténticos desmanes con la altura de los edificios. Y eso llama la atención porque no se ve en otras ciudades. Mejor que los turistas no puedan contemplarlo.