Diario de León

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Máximo CAYÓN DIÉGUEZ Cronista Oficial de la ciudad de León
León

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D ecía Azorín que el fervor es una «fuerza íntima y poderosa». Desde luego, y a mi modo de ver, la aserción del maestro noventayochista, además de acertada, tiene eco y resonancia cada quinto viernes de cuaresma, a las ocho de la tarde, en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Mercado, que es Bien de Interés Cultural desde el 28 de septiembre de 1973. La estampa se torna visible, de una manera concreta, cuando ‘La Antigua del Camino’ inicia su andadura anual por las calles leonesas.

Se ha considerado siempre que la procesión de La Dolorosa es el pórtico de la Semana Santa de la ciudad de León. Ateniéndonos a un sentido ordinal de los hechos, es así. Pero, a mayor abundamiento, este cortejo penitencial ha sido siempre una singular manifestación de la piedad popular legionense que, en estos días nuestros, se acrecienta de forma incontrovertible. El hecho es comprobable esta misma tarde. Y si con eso no basta, para disipar cualquier duda, dirijamos nuestros pasos por los derroteros del recuerdo. Ante nosotros pronto apuntarán las raíces de una devoción cardinal que, a través de centurias y generaciones, ha dejado honda huella en la sociedad de esta antigua Urbe Regia.

Ciertamente, el pueblo leonés ha vuelto los ojos a esta sacratísima imagen en numerosas ocasiones y por circunstancias muy diversas. Y lo ha hecho de un modo perceptible con su traslado en momentos determinados tanto a la S.I. Catedral como a otras casas monásticas. Por ejemplo, así aconteció en mayo de 1663, «a causa de la sequía», y en agosto de 1794, «a causa de la guerra». Pero, también, por motivos de índole muy distinta. El 24 de abril de 1808 se conoció en León el acceso de Fernando VII al trono de España, tras la abdicación y renuncia de su padre, Carlos IV. Al día siguiente, ‘La Antigua del Camino’ fue llevada a nuestro primer templo, como anota José Eguigaray Pallarés, «al objeto de implorar de la Divina Clemencia los auxilios para el mejor Gobierno de estos dilatados reinos de nueva Majestad».

Santa María del Mercado es, pues, Virgen de rogativas. Y, desde luego, como dije antes, de muy acendradas devociones en esta antigua Corte de Reyes. Se trata de una piedad, de autor anónimo, que, al pie de la cruz, sostiene al Hijo, ya muerto, en sus brazos. Por consiguiente, en el marco de los siete dolores, establecidos por la devoción medieval, su representación iconográfica se corresponde con el sexto de ellos. En cuanto a los datos cronológicos de la talla, Raimundo Rodríguez Vega, en su Guía Turística de León , (1925, pg. 140), detalla que esta imagen de «Nuestra Señora de los Dolores es de buena escultura, probablemente del siglo XV, pues en 1509 se la llama Santa María la Nueva».

Santa María del Mercado, ‘La Antigua del Camino’, es también fiel reflejo de las bienaventuranzas. Y cada quinto viernes de cuaresma, cada Viernes de Dolores, durante su recorrido por la morfología urbana que establece el secular itinerario, las miríficas sentencias que componen la llamada Carta Magna del Reino de Dios resplandecen en el rostro de esta Azucena del Calvario con toda la luminosidad que atesora su pedagogía indeclinable, su intensa y remuneradora expresividad. Y es que hasta la muda oratoria de sus ojos lo corrobora con elocuencia.

La procesión de La Dolorosa está vertebrada por la fe y consolidada por la tradición. Es, como he dicho en ocasiones precedentes, «la procesión del pueblo de León». El cortejo penitencial hace tres estaciones. La primera, en el Monasterio de las MM. Benedictinas, incardinado en la popular plaza del Grano, ágora donde una cruz de piedra señala, según la tradición, que el 9 de febrero del año 560 la Virgen «se aparesció» a un pastor en aquel paraje, entre la asperidad de una zarza. La segunda, en plena calle Ancha, ante la capilla del Cristo de la Victoria, lugar que se estima como vivienda del centurión Marcelo, patrón de la ciudad de León. Y la tercera, en la plaza de Santo Domingo. Allí, un coro formado por el pueblo de León, por un lado, y, por el otro, por los braceros que portan a ‘La Morenica del Mercado’, como la denominó Máximo Cayón Waldaliso, Cronista Oficial de la ciudad de León, entona el canto de la Salve con emoción contenida. Asimismo, la Corporación Municipal puja la Sagrada Imagen desde el principio de la citada calle Ancha hasta la referida capilla del Cristo de la Victoria.

Santa María del Mercado, denominación que documentalmente aparece por primera vez en 1675, tiene un lugar de privilegio en el corazón de los leoneses, lo que equivale a decir que, sin ningún género de duda, su advocación brilla con luz propia en esta antigua Legio, y, por ende, en la Semana Santa de esta otrora Ciudad Imperial, reconocida, actualmente, como Cuna del Parlamentarismo.

A mi juicio, tenía razón Azorín. Hoy, a las ocho de la tarde, la cita tiene punto de encuentro en la iglesia de Nuestra Señora del Mercado. A esa hora, ‘La Antigua del Camino’ inicia su andadura anual por las calles leonesas. Entonces, la aserción del maestro noventayochista es verificable.

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