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PEDRO TRAPIELLO
León

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T rajo aquel tiempo de dárselas y de euros despendolados tal peste de entendidos en vinos, que todos parecían descendientes directos del marqués de los Riscales, pero sin lograr salir de Villaquieroynopuedo.

Hasta un sindicalista rojo con tarjeta negra (que ya casi nunca comía en casa) creía saberlo todo de vinos y de añadas. Saber esas cosas daba prestigio y cierto toque de iniciado o bon vivant , aunque debía lucirse vocabulario y la artillería francesa pertinente: vintage, bouquet, sommelier, brut, château, batonnage ...

Acto seguido, tras los vinos, llegó la gastronomía firulí, la cocina creativa y el gastrobar, eso que suena a fármaco contra la acidez. Lo del zampar sin parecer zampón era cada vez más delirio pijote y al final comenzaron a televisarlo con inédito éxito de audiencia, echándole toque peliculero, competición, histeria y lagrimillas.

En estos cocinares no hay que tirar tanto de francés como antes para parecer un gourmet diciendo meunière, vichyssoise, roux, glassé, fumet ... aunque en mesas con mantel de lino y cubertería sueca aún se les ve. Son les entendus , los entendidos («enteraos»).

Añadiendo teatro al asunto, ahora las cocinas asiáticas se entreveran con las nuestras... o imperan, ahí está lo japonés que tanto se amolda al gusto joven y maripijo adiestrado en lo blandito, en todo lo que se engulla rápido y sin mayor esfuerzo (la corteza del pan de molde les parece roca y la apartan como hace el necio malcriado con los guisantes de la ensaladilla).

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En poco tiempo, los cambios alimentarios han sido drásticos, traicionando además insensatamente a las gastronomías y economías locales... ¡y a nuestra propia salud!, pues ayer se supo de un estudio que comparó a nativos de Nueva Guinea Papúa con gentes occidentales y resultó que nuestras dietas y hábitos destruyen bacterias imprescindibles de la flora intestinal; de ahí tanto cáncer, cagalera y desarreglo... sin embargo, los papúes siguen comiendo y cocinando como hace mil años y no tienen quebrantos de tripas... entonces Sócrates concluyó: ¿serán los verdaderos entendus quienes siguen la antigua regla «De lo que comiste, come»?...