TRIBUNA
Valladolid 71.142 - León 0
P arece un titular extraño, pero es el resultado de un partido librado durante los últimos 20 años ante nuestros ojos, un número escandaloso que muestra cómo está evolucionando esta autonomía gobernada desde Valladolid, con una estrategia propia de un viejo sistema colonialista.
Antes de nada cabe explicar que la cifra no está sacada al azar. La puede encontrar cualquier ciudadano en las páginas del Instituto Nacional de Estadística (INE). En los datos del Censo se comprueba que entre el año 1991 y el 2011 Valladolid ha ganado 38.558 habitantes, en tanto que la provincia de León ha perdido 32.584. Sumen lo que uno gana a lo que el otro pierde y tendrán como balance ese desequilibrio dramático de las 71.142 personas...
Una política agresiva: La política económica y territorial que mantiene el Partido Popular desde Valladolid es claramente regresiva para el resto de la Comunidad y en especial para la provincia de León, a la que se le escatiman recursos y hasta la propia historia. Es una política agresiva que tampoco ha sido contestada desde la sociedad leonesa, esterilizada en las pasadas décadas por las traiciones de algunos mal llamados leonesistas.
Una política territorial moderna debiera mirar hacia todo el ámbito de las regiones de Castilla y León, buscando una estructura multipolar, en la que ciudades como Zamora, Salamanca, León o Burgos no fuesen esterilizadas por un centralismo asfixiante, sino que tuviesen su propio desarrollo, impulsado por sus características geográficas, culturales y económicas. No hay que crear un foco central a costa del resto del territorio, como se está haciendo ahora, sino buscar un desarrollo armónico.
Cuando trabajé con Joan Lerma en la Generalitat Valenciana descubrí que el éxito económico de su gobierno se basaba justamente en hacer que el territorio se articulara en una red de núcleos especializados. Los institutos industriales (de la Madera, la Cerámica, el Calzado, etc.) se ubicaban en puntos diferentes, apoyando a la «vocación empresarial» de cada zona; la red viaria se articulaba con autopistas por el interior y el exterior conectando los focos productivos; se articulaba la enseñanza en función de las necesidades, se trabajaba siempre pensando en un equilibrio regional. Así, por ejemplo, cuando se consiguió que Europa fijase en la Comunidad la Oficina de Patentes y Marcas... no se llevó a Valencia, sino a Alicante... Nada de centralismo.
Con aquella visión descentralizadora se conseguía favorecer la existencia de una población armónica salpicada de centros con vida propia: Orihuela, Elche, Alcoy, Alicante, Crevillente, Denia.... Muchas ciudades medias produciendo, no una gran capital devoradora de inversiones y acaparadora de las comunicaciones, en medio de un territorio circundante esterilizado.
Hace unas semanas, Victorina Alonso, me pidió que participase en su lista a las elecciones municipales de Astorga, y uno de las cuestiones que me he preguntado es la razón del estancamiento demográfico de la ciudad. Luego he consultado los datos del INE y he encontrado que esa evolución demográfica afecta a casi todas las ciudades leonesas, salvo Ponferrada. Astorga ha perdido en esos 20 años unos 1000 habitantes y otros núcleos como Bembibre o Villablino tienen unas cifras más duras. Por contra, en Valladolid, Medina sube, Tordesillas sube...
El crecimiento demográfico es muy difícil de conseguir si no cambia la política miope que se lleva en la Comunidad Autónoma. El ahogo a la economía leonesa, la desatención cuando no la retirada de proyectos e inversiones, potenciada por demasiados políticos provinciales mediocres, sin visión global, sin proyecto político ni económico y dóciles a los intereses del los burócratas del centralismo hace francamente duro luchar contra el estancamiento. Esa política centralista es la que desertiza las ciudades y envía a los jóvenes a buscar empleo en la emigración; un destino triste aunque la ministra de Trabajo lo llame «movilidad exterior». El votante debe pensar en esto... y decidir. Si no lo hace no deberá culpar a los demás de una política destructiva de la que él es cómplice.