Diario de León
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leónAgustín L. Álvarez.villaobispoCris Cuesta.
León

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Gracias por escucharme, señor procurador

C uando uno se decide a coger un papel y un bolígrafo y encabezar su escrito dirigiéndose al Procurador del Común, sin duda, además de estar cansado de llevar tiempo luchando por algo, está al límite de su confianza en las instituciones y en el sistema.

En mi primera experiencia durante la tramitación del expediente para salvar el puente medieval de Andaluz en Soria, aún pendiente de resolución, está cambiando mi percepción, me siento cómodo, me han transmitido una sensación de querer arreglar las cosas, de colaborar, de celeridad en la tramitación, una chispa especial de confianza.

La cercanía al ciudadano es quizás una carencia fundamental de nuestro sistema. En el mundo anglosajón, además de existir la figura del Local Government Ombudsman , o por traducirlo de alguna manera un defensor del pueblo que tramita las deficiencias administrativas de los entes locales, es decir, un escalón más para llegar al problema concreto del ciudadano, también en la mayoría de los casos los miembros del Parlamento intentan dar respuesta a los problemas planteados, con carácter previo antes de acudir al Defensor del Pueblo, es decir, se acercan al ciudadano. Esa cercanía del político al ciudadano es un mero espejismo en nuestro país. En estos días se llenan los periódicos de fotografías de políticos saludando a multitudes, estrechando manos y forzando sonrisas. Eso no es conocer de cerca al ciudadano y procurar por su bienestar, como debe ser el oficio de un buen político. Eso debe hacerse durante toda la legislatura.

Al Procurador del Común se le ha invitado a conocer de cerca la situación y ha acudido diligentemente, escuchando a todos los interesados en resolver el problema y todas las propuestas, nos mantiene informados por escrito del estado del expediente... Señores procuradores de las Cortes, sigan su ejemplo.

Pobre España

L a política de este país, se ha convertido claramente en una película de gángsters. Gángsters a la española, como las que reponen en Cine de barrio, solo que aquellos actores nos hacían reír, y éstos llorar.

Programas y programas hablando de «los temas», sin llegar a ninguna conclusión ni solución. Los «políticos» intentando salir del atolladero, se ahogan en sus propias y ridículas excusas. Salen a cámara con una «jeta» impresionante negando la mayor, y, bueno, ahí siguen, burlándose de los españolitos, que estando todos con la soga al cuello por tanto problema personal, y económico, en los que ellos nos han metido, eso sí, desde la legalidad aparente, no es capaz de entender. «No trabajes que es de tontos» se dicen entre ellos. La frase clave para poder vivir del cuento, que es lo que hace todo el que puede. Ante éste desaguisado; ¿Que país va a funcionar? El estupor, el desconcierto; como ya dije una vez «a río revuelto ganancia de ladrones». La confusión colectiva, la aprovechan para seguir avanzando en sus fechorías. ¡Cuidado! Bajo esta confusión aflorarán muchos listos más.

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