TRIBUNA
Tristes olvidos

P asadas las elecciones municipales y autonómicas (no me gusta hacer campañas particulares, pues las he sufrido colectivamente en mis enjutas carnes), hoy me decido a escribir en primera persona rememorando ciertos aspectos políticos bastante conocidos por casi todo ciudadano. La ocasión lo merece. Cierto es que el circo —hoy in crescendo— montado para publicitar las virtudes y promesas de los distintos partidos, nunca fueron santos de mi devoción, ni siquiera en los tiempos que, en principio como independiente, viví la incertidumbre, la novedad y la ilusión de la política. Se trataba de una actividad que jamás había probado, aun siendo persona de muchas catas y vivencias.
Hoy puedo asegurar, de nuevo independiente desde que finalizó mi participación activa en la Cosa —junio de 2007—, mi aversión hacia las famosas campañas electorales. Me resultaba particularmente ingrato repartir por la calle merchandising en general, prospectos, llaveros, bollos preñaos, piruletas, pegatinas, o hacer promoción en rastros, pescaderías, abacerías y mercados populares. Intuía que aquellas incursiones propagandísticas con o sin megafonía, no eran positivas ni prácticas, igual que los antiguos mítines; estaban vendidos los productos a priori. Pero era obligado. Lo hacían casi todos los candidatos, no todos. En la actualidad, también bailan y hacen cosas raras. Al triple salto mortal no se atreven ni los aspirantes colocados en cabeza de salida. Aunque les gustaría.
Pero, el título de la gaceta es ‘Tristes olvidos’, y a él me atengo. Soy asiduo consultor de El diccionario del diablo , escrito por Ambrose Pierce en noches de novilunio. El endiablado norteamericano define el olvido como «Don que concede Dios a los deudores, en compensación por la pérdida de sus conciencias». O también, «Dormitorio sin despertador».
Y me pregunto: ¿Cuántos olvidos patéticos han tenido algunos, relativos a las innumerables realizaciones en la ciudad (no las cito por su extensión), durante el periodo 1995-2007, comandado por Mario Amili via? Acaso, la buena voluntad de muchos recapitule el hecho de que este político recibió dardos envenenados, provenientes tanto de babor como de estribor. Sería justo que, hemerotecas a la vista, abundantes olvidadizos espolearan la memoria y, de tener tiempo, contaran las actuaciones locales tangibles (ahí están), impulsadas por aquel. ‘Otrosí’ digo: jamás, digo jamás en casi treinta años, he escrito una sola línea al dictado de nadie.