CORNADA DE LOBO
Cosa de frailes
T iene gracia descubrir que las dos instituciones civiles que más inflan el orgullo histórico cazurro (el concejo de un vecino, un voto y la hacendera) fueron en realidad cosa de frailes. Curioso. Eso lo trajeron de lejos, aquí no se daba.
En el siglo X comenzó a reinventarse León desde la nada despoblada que fue un siglo antes y sólo clérigos con sus colonos huídos de la España islámica se atrevían a ir repoblando lugares fronterizos a riesgo de ser botín de guerra. Ellos iniciaron esto. Primero el conventín mozárabe y después el gran monacato benedictino francés dieron a esta tierra claves para gobernarse en sus poblamientos: su concilium sería nuestro concejo, su capítulo conventual sería nuestra junta vecinal, sus elecciones de prior nos enseñarían a votar en cuestiones de importancia... ah, y de sus sillerías calcamos nuestros salones de sesiones, pues nos embobaba su solemnidad de nogal y su liturgia jerárquica, o sea, la puesta en escena de su poder divino... y humano.
Resumido: trajeron más sentido democrático a la vida civil cazurra aquellas comunidades y sus colonatos que la insistida cuna del parlamentarismo europeo que carpinteamos aquí y sólo sirve para hincharnos de aire entre nosotros, porque por ahí fuera no la conocen, ni puto caso le hacen... ni se admiran de que fuéramos los primeros en una proeza que, en el mejor de los casos, debió durar diez minutos.
Tenía yo diez años y la palabra democracia era blasfemia; vivía Franco. Sin embargo, los dominicos de La Virgen nos enseñaron a votar como lo hacían los frailes. Nos dieron una vez dos habas, una blanca y otra negra, y echábamos una de ellas a un cajetón-urna como un sí o un no a la propuesta que se hiciera. Cierto que a esa edad no nos daban a votar nada, pero ya sabíamos de qué tenía que ir la cosa para despejar dictaduras. Qué descubrimiento. Sólo un año antes andábamos en filas militares en el patio de El Cid berrando el himno nacional y midiéndonos la espalda la vara de don Macario.
¿Y las hacenderas?...
Esa era la otra cosa que inventaron los frailes, pero aquí suena la campana del recreo para el lector. Mañana.