Diario de León
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ERNESTO ESCAPA
León

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E ste fin de semana Hospital de Órbigo refresca con una fiesta histórica el desafío de Suero de Quiñones, un segundón de la casa de Luna que pasó el mes de julio del año jacobeo de 1434 empeñado en llamar la atención peleando con todo aquel que pretendía cruzar el río. Aturdido de amor y con una argolla al cuello, se plantó en el puente con nueve de los suyos dispuesto a romper trescientas lanzas de otros tantos adversarios. A pesar de la bravuconería, no llegó a tanto. Tuvo que suspender la liza a los treinta días después de tronchar ciento sesenta y seis. Sin embargo, el alarde pasó a la literatura caballeresca y desde hace unos años inspira una fiesta de mucha concurrencia. El mismo Cervantes se refiere a este episodio desmesurado en El Quijote: “Digan que fueron burla las justas de Suero de Quiñones del Paso”.

La ribera por antonomasia de la provincia se extiende desde Villarroquel hasta más abajo de La Bañeza. El despliegue de los pueblos recuerda la colonización de las primitivas villas romanas, presencia que se constata en La Milla del Río. Antes de que el embalse del Luna ampliara el regadío a los páramos de la margen izquierda, la red de acequias medievales permitió un grado de audacia inusual en la renovación de los cultivos. Patatas, alubias y maíz traídos de América se incorporaron con éxito al paisaje agrario de la ribera, como más tarde el tabaco, la menta y sobre todo el lúpulo, que en sus tiempos de apogeo mereció el apelativo de oro verde. A fines del diecinueve, coincidiendo con el derrumbe colonial, se instaló en Veguellina la primera azucarera de la provincia, y medio siglo más tarde, la factoría de Fomento del Lúpulo en Villanueva. Ambas resultado de la pedagogía práctica desarrollada en Hospital por la Fundación Sierra Pambley.

Las justas cumplen este fin de semana las diecinueve ediciones y tuvieron un impulso decisivo durante la alcaldía de mi condiscípulo Cordón, quien trajo a pregonar al palenque a la ministra de Cultura Carmen Calvo. Entonces se remataron las obras de reforma e iluminación del puente, quizá el más hermoso y monumental de la ruta jacobea. Son días de jolgorio en Hospital, con mercado, desfile de antorchas, artesanía y mucha animación. El quinto centenario lo malogró la falta de fondos. Se imprimieron lujosos folletos, se puso una calle a don Suero en León, y la primera piedra de un monumento cuyas trazas quedaron en los dibujos del boceto que se colgó aquellos días en el ayuntamiento. El lapidario fue obra de Julio del Campo, quien ya no alcanzó a dar remate a la escultura. Años más tarde, un caballero de asperón situado en el puente sobre el Esla, en Benavente, se identificará con aquel anhelo estatuario de perpetuar la hazaña de don Suero.

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