Diario de León
Álvaro Caballero
León

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No se crean que quiero vacilar, pero a mí más de una vez me han sacado a hombros. Bien es cierto que fue boca abajo, a las siete de la mañana y que los únicos aplausos que recuerdo fueron los que daba el portero del pub para limpiarse las manos antes de cerrar la puerta por dentro, entre quejas de «siempre sois los mismos, que ya ni siquiera os ponéis de acuerdo en lo que bebéis». No sé si entienden bien mi satisfacción, porque para saborear estas victorias hay que haber perdido mucho, pero a lo mejor basta con que miren un poco cómo se han paseado durante las dos últimas semanas los candidatos, da igual el resultado de las urnas, empeñados en intentar convencer a los que no convencieron antes de que son los ganadores de las elecciones.

Ganaron todos, como no podía ser de otra manera. Ganó el PP, que se dejó por el camino cinco concejales en la capital y tres procuradores autonómicos, lo que le impidió a Herrera llegar a la mayoría absoluta, aunque conservó la Diputación por un puñadín de votos en el partido judicial de Cistierna. Ganó el PSOE, que cedió dos ediles en León y se descalabró en gran parte de la provincia, aunque no tanto como para que Tino Rodríguez se quedara sin asiento en Valladolid. Ganó la UPL, que queda condenada a la irrelevancia en el consistorio capitalino, pero que con un sillón en las Cortes autonómicas resulta que puede tener más poder que nunca y, además, no pierde el asiento en el Palacio de los Guzmanes, donde Lázaro García Bayón aspira a seguir otro mandato, que ya jodería que tuviera que volver a trabajar a sus años. Y hasta ganó IU, que ha logrado entrar de nuevo en el primer consistorio de la provincia y en el Palacio de los Guzmanes, después de esconderse detrás de la coletilla de En Común para que la gente pensara que tenían que ver con Podemos, pero cuyos restos quedarán a la intemperie en las nacionales de noviembre.

Pero sobre todo ganó Ciudadanos. Su victoria es tan grande que quienes ansían gobernar no van a poder ganar sin ellos, bien sea por acción o por omisión. Por eso se ve a sus representantes en las fotos de las reuniones en los grandes hoteles de la ciudad donde se citan con PP y PSOE de cara al público, mientras entre bambalinas resulta que quien cierra los negocios es José Ángel Crego, asesorado por Alfredo Prada. Entre todos le van a sacar a hombres. Y los demás, boca abajo.

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