Diario de León
Publicado por
leónÁngel Carvajal.
León

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Varias varas de

medir. ¡Ojo, elector!

V alores nuevos. Un metafórico epígrafe para resumen de las semanas postelectorales. Nos lo brindan varios partidos pero con mayor efervescencia dos grupos emergentes punteros a medias. Al cuento desfasado de la vieja madrileña se suma el desconcierto confuso y egoísta del joven catalán. Se echa en falta el traqueteo político experimentado y con él la falta de ideas y de gentes del entorno aglutinado. Obsesionados unos con irrealizables utopías e imputaciones obsesivas otros, alumbradas a deshora por jueces sin pulso jurídico, sólo ideológico y sectario. Se dice bien el mareo a que tienen sometido al pueblo español unos pocos sinvergüenzas encebados por la mediática menos responsable y magistrados ordinarios o Constitucional de cuño cerrado.

Un pobre espectáculo, un gran revoltijo antidemocrático con mezcla de poderes inexpertos y batiburrillos festeros. Todo este barullo de palabreo vacío de insultos, contradicciones, pactos, y recurrencias engañosas, nada trasparentes e inanes que deforman el elixir de una gran democracia, de nombres tan sonoros como la social de izquierdas convertida en populista y la liberal de centro derecha, achantadas ambas por jueces, policías y otros desertores del trabajo correcto y puntual, sólo servible para solo divertimento postelectoral del pueblo sano, único dueño del rol democrático desperdiciado, o no tenido en cuenta, tras el resultado de las urnas. Pues como apunta alguien inteligente la decisión democrática ya no es de las urnas sino de los partidos minoritarios en despachos y en restaurantes. Otra forma sutil de corrupción que acusan no siempre leal. Entran escalofríos los millones invertidos desvirtuados en parte por los dos principales partidos de la tragedia, a quienes debemos, sin embargo el gran esfuerzo, la estabilidad, la paz y el bienestar disfrutados desde la Transición, salpicada de algunas calamidades sólo puntuales y que ha llegado a su término tras la abdicación de otro gran protagonista el rey Juan Carlos I. Esos valores no alcanzados y menos reflexionados por viejos y por jóvenes en la medida que los grandes personajes o barones de ambos partidos han escondido la cabeza bajo el ala, para dejar acaso ruta libre a la inexperiencia juvenil y política emergente, sin ideas congruentes y esfuerzos experimentados, nos queda de esas ausencias, el cuento de la vieja y el egocentrismo aglutinador de la otra parte tan superficial como la primera, conversa a última hora, vejez y juventud desvaída. Arrinconadas las ‘castas’ de forma ambiciosa y obsesiva, entramos en un tiempo nuevo. Empieza el futuro.

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