EL MIRADOR
Prueba superada
E stas últimas semanas han sido toda una prueba para la Unión Europea y para el euro, la moneda única de la que decidieron dotarse los países más desarrollados del club europeo. Digamos que si el desenlace hubiera sido la expulsión de «uno de los nuestros», como por tantas razones son los griegos (a quienes debemos algo más que la filosofía, algo más que la polis y algo más que la democracia), el fracaso del proyecto europeo, al menos en su versión monetaria, habría sido muy difícil de maquillar. Los acontecimientos de este julio flamígero han supuesto una tensión excepcional para la moneda, pero más allá de los aspectos financieros estaba en juego una concepción política, el ser o no ser de una Europa que estuvo demasiados días coqueteando con una solución, la descalificación de uno de sus integrantes, que habría producido tanto descrédito al edificio común como caos en el país objeto de tamaña censura.
Podemos decir que el euro y la UE han salido al final airosos, es decir, que han superado la prueba, aunque lo hayan hecho raspando. Las costuras flojas, los recelos, los desprecios y los resentimientos que han aflorado en estas semanas de pasión, incluido el referéndum griego, son acaso un síntoma de debilidad del proyecto europeo, pero que la Unión sea capaz de sobreponerse al final a tantas grietas y raspones sugiere que la construcción es más sólida y tiene unos cimientos más arraigados de lo que podría pensarse. Los líderes sienten la presión de los ciudadanos, a quienes no les apetece asumir que el euro les falle tan pronto. Quizá esa determinación de la gente de seguir adelante juntos sea un fundamento más poderoso de lo que solemos creer. O quedémonos, al menos, con esa lectura.
Por otra parte, estas semanas han sido una prueba para Alexis Tsipras y para Syriza, que vendieron a su ciudadanía una reivindicación del orgullo nacional y una capacidad para plantar cara a los acreedores que ha arrimado a Grecia al precipicio del impago y ha dejado para la memoria de los griegos la experiencia inquietante del corralito. El primer ministro griego ha logrado un tercer rescate, y una reestructuración de la deuda que no es una quita pero permite respirar al país y confiar en una posibilidad de relanzar su economía. A cambio, ha tenido que aceptar condiciones durísimas: el precio de hacer en la negociación fintas que llevan al de enfrente a desconfiar de tus intenciones. No está muy claro que Syriza haya superado esta prueba. Ha sido anunciarse el acuerdo y aparecer los primeros conatos de división. Tsipras tendrá que pedir ayuda a la derecha de Nueva Democracia para sacar adelante las reformas exigidas por la UE. ¿Un desaire? No si logra presentarse como el salvador, en las elecciones anticipadas que ya acaban de anunciarse.