EL GALLO
Una panda de excursión en Picos
Enfado importante es el que tienen en el refugio de Collado Jermoso, en Picos de Europa, por la aparición improvisada hace unos días de un numeroso grupo de chavales que, además de disfrutar del espectáculo paisajístico del macizo, aprovecharon su estancia para dejar su huella en el entorno en forma de basura y otros restos sin que los monitores del campamento cumplieran con su obligada tarea de vigilancia. Y es que, más allá de la educación que cada uno recibe en su casa, las fundamentadas críticas de los amantes de la montaña, que han dejado plasmado su malestar en las redes, han derivado en diversos foros en un confuso enfrentamiento sobre los partidarios de la tesis de que la montaña es de todos, hasta de los más cochinos, y no se puede impedir que una avalancha de adolescentes campe a sus anchas por territorio verde, y de los que defienden que hay que poner coto a la barbarie y casi casi sacarse un carné de buen montañero para que le dejen a uno disfrutar del paisaje. Como en todo, tendría que ser el sentido común el que imperase y, como dice la sabiduría popular, no se pueden poner puertas al campo pero al menos, quien decida respirar aire puro que se lleve sus miserias a casa.