AQUÍ TE ESPERO
Colaterales
S on los daños que se causan, sin pretenderlo, para hacer un bien. Pero se causan. El plan de asfaltado es un bien que todos esperábamos como agua de mayo y que por fin se puso en marcha la pasada semana. En las calles afectadas se colocan señales de prohibido aparcar, con la leyenda «asfaltado» y la fecha y hora de tal prohibición. Por ejemplo: en la calle Roa de la Vega y el cruce con Santa Clara y Juan Madrazo se colocaron señales que indicaban la prohibición de estacionar desde las 08.00 horas del 4 de agosto. Lo curioso es que la fresadora y el asfalto no llegaron hasta el día 6. Justo 48 horas después, y en ese tiempo no se pudo aparcar, por lo que se perdió la recaudación de la zona azul que debieron echar de menos los del servicio de la ORA, que estuvieron —en teoría—tres días sin recibir un céntimo de dicha zona. Hasta aquí sólo daños colaterales para quienes se acercaron a esas calles y no pudieron estacionar, que ya es bastante difícil habitualmente. Las vacaciones y el calor han propiciado el éxodo y por eso el problema fue menor, aunque atascos los hubo.
Pero también hay otro tipo de daños colaterales que enfadan por ser innecesarios. Me explico. Volvía yo a casa el jueves y no pude pasar a mi cochera por estar terminando el asfaltado del cruce; como el primer tramo de Juan Madrazo tenía casi vacíos sus aparcamientos por estar cortada y viendo que un coche de la Policía Local se colaba allí, entré también y estacioné justo detrás del coche policial, del que salió su único ocupante y se dirigió hacia el cruce. Yo fui detrás para preguntarle si podía dejar allí el coche un rato, ya que no podía entrar a mi cochera. Pero al llegar al cruce ya no vi por ninguna parte al policía. Cuando volví a mi coche (exactamente 44 minutos después) la calle seguía cortada con la valla pero otros vehículos habían estacionado también y el mío tenía en el parabrisas la multa de la ORA y el sobrecito. Me sentó mal la multa, no voy a negarlo, porque no hubiera aparcado allí de haber podido entrar a la cochera, pero todavía me sentó peor tener que buscar monedas para pagarla (gracias, Jose) y comprobar lo que había subido el importe (la vez anterior eran unos 6 euros). Como además se tiene que pagar con monedas a ver quién es el guapo que lleva 9,50 euros sueltos en la cartera, sin que amenace con explotar. Me consolé pensando que lo peor ya había pasado (el ruido infernal y el polvo del fresado) y que contribuía a engrosar la pobre recaudación de la zona azul...