León

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Honor a los dos policías de Luarca que pusieron a las cuatro de la tarde del viernes el colofón a la misión que descifró la desaparición de una mujer estadounidense cerca de Astorga. Alguien tiene que hacer el trabajo sucio para que los focos den lustre al besamanos a la hora del ángelus en el día después. Honor a los agentes que en un bar de Grandas de Salime echaron abajo cinco meses de temores en el camino a Compostela mientras reducían a un homicida con una pistola en la cabeza y una porra en el cuello, según describe una crónica deliciosa sobre los pormenores de la detención que hace posible creer que el periodismo aún no ha muerto, foto del momento incluida. El aliento de una nueve milímetros sobre el cogote parece un remedio extraordinario para la memoria porque permite pasar del «yo no he hecho nada» al «tranquilos, que os digo donde está el cadáver» en el tiempo que emplea el inspector en ajustar los grilletes. Esa fue la cima del despliegue por el monte oeste de León; claqué sobre el escenario de un crimen. Hubo sensación general de poder darte de bruces con Horatio al salir de misa, en medio de un decorado con pedigrí de CSI Miami; Horatio, mito en descifrar casos después del fallido acceso al cuerpo de Marines por la crisis de apnea en buceo en la promoción que encumbró a Richard Gere en Oficial y Caballero. Viene de perlas la exhibición de poderío de las fuerzas de seguridad; no tanto para satisfacer la fiebre de la comunicación epistolar de los políticos españoles con los gurús estadounidenses (se conoce que hay andancio a rebufo de la carta de González a sus hermanos catalanes) como para disuadir el efecto llamada a otros proyectos de delincuentes de emigrar a los valles olvidados y despoblados de León, que suponen como un reino de impunidad para sus fechorías y desviaciones mentales. Una mano de prime time no está de sobra ante tanto material inflamable que ha puesto en jaque la imagen de los lugareños de la ruta jacobea leonesa en medio año de incertidumbre. Si el giro de una señal que conduce a Compostela termina en crimen, se barrunta próximo el momento de tipificar en el código penal el delito de hostigar a peregrinos por el método que emplean los osos para pescar en el desove del salmón. Si los legisladores de aquí no se atreven, en vista de la chispa que prendió esta mecha, se puede escribir a John McCain, que dé otro empujoncito.

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