Diario de León
Publicado por
CÉSAR GAVELA
León

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I ba por el mundo feliz, nueva y curiosa. Por el reino inagotable del Camino de Santiago. Renovando esa viejísima costumbre ejercida por muchos hombres y mujeres de tantos siglos y lugares: la ruta hacia uno mismo. Senda de días, montes y valles; de luces, frío y sombra; de calor, agua y viento; de soledad en unas horas, de amigos en otras. Denise Thiem quería escuchar el sonido de sus pasos en la tierra jacobea. Insertarse en el más célebre río de peregrinos de la vieja Europa. Avanzar hacia una libertad nueva. Iba Denise a conocerse mejor en un escenario muy alejado de su Arizona natal.

Todo iba bien después de muchas etapas, de cientos de kilómetros. Denise llevaba la mochila del alma ya muy bien cargada de miradas y conversaciones, de iglesias románicas y de puentes medievales, de amigos trenzados en Nájera o en San Juan de Ortega; en Frómista o Carrión de los Condes. Iba sintiendo que su intuición de hacer esa ruta había merecido la pena. Estaba experimentando que lo desconocido siempre lleva la semilla de una nueva verdad. El fruto de la determinación y del amor a la vida. Ella ya sentía que no era exactamente la misma persona que había empezado a caminar semanas atrás. Que merecía la pena haberse acercado a la más perfecta gimnasia lírica que ofrece el viejo continente. En interminable y sereno diálogo con la naturaleza, con la historia y con uno mismo. Iba Denise.

Hasta que apareció un hombre taimado y perverso. Un hombre que falsificaba las señales jacobeas, que vivía para el mal y que lo fue a cumplir en Denise. Que encontró en la confiada peregrina americana la víctima de su infamia. En un escenario de verdor y silencio, de la cautivadora y sólida belleza de la Maragatería, sucedió el crimen. En la tierra leonesa. Donde empieza el tramo más misterioso de la cinta de estrellas y memoria que entra en España por Navarra y que viene desde la Francia latina, desde la sajona Alemania.

Ha sucedido donde el camino se vuelve aislamiento y sueño, pureza de la piedra y de la recia vegetación del monte leonés. Donde el caminante es más fuerte, más dueño de lo que ve y de lo que aprende. Más enfrentado al secreto designio que lo ha traído hasta aquí. Iba Denise ensimismada, contando las maravillas conocidas e imaginando las que esperaba conocer. Entregada al dulce y exigente encanto jacobeo.

Costará tiempo superar este crimen. No a Denise, a quien no olvidaremos nunca. Su memoria quedará siempre ligada a quienes supimos de su tragedia, a quienes hemos conocido su sonrisa después de que ella hubiera muerto. Quedará Denise en la tierra de León, mártir de un empeño hermoso y noble. Ella nos ayudará a disipar la maldad que ha ensuciado de sangre y dolor una de las tradiciones más vibrantes de Europa desde hace mil años. Llevará tiempo, pero lo vamos a conseguir.

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