Diario de León

LA SEMANA

Pase lo que pase, Cataluña salta a otra fase histórica

Publicado por
mANUEL CAMPO VIDAL
León

Creado:

Actualizado:

L a duda existencial es si hay vida más allá de Cataluña. Esa duda es razonable a la vista del chaparrón informativo sin respiro que azota la península y que tapa cualquier otra noticia. Como si en la vida no hubiera ningún problema más. La detención de la cúpula de la ETA residual apenas ocupó espacio en los periódicos y de la cumbre entre Obama y Felipe VI sólo supimos que el presidente americano declaró que quiere «una España fuerte y unida». Todo es Cataluña allí, en España y en buena parte de Europa. Y lo peor es que todo se interpreta en tono inquietante y dramático. Quizás por eso los bailes espontáneos del candidato socialista Miquel Iceta al término de cada mitin, que resultaron bastante surrealistas al principio, han acabado generando una cierta simpatía porque se reclama oxigeno para sobrevivir ante tanta trascendencia. El fenómeno recuerda el testimonio de Jesús Viana, aquel orondo vitoriano, suarista hasta la médula, al que trataron de fichar para el PNV Carlos Garaikoetxea y Xabier Arzalluz, y que solo consiguió mantenerlos a raya con una frase demoledora: «Yo soy vasco y defiendo a Euskadi porque quiero a este pais, pero no puedo ser nacionalista obsesivo porque me gusta reírme algunas veces».

Ese es el drama en realidad, porque solo el debate cara a cara entre el ministro García Margallo y el independentista Oriol Junqueras fue, en la última semana, un oasis de educación y cordialidad entre tanto cañonazo grosero. La salida en tromba de los poderes fácticos para socorrer a ultima hora a los catalanes que se inquietan por la posible secesión, fue desafortunada en general, carente de matices y a destiempo. Primero los bancos diciendo que con la independencia se iban; después el gobernador del banco de España advirtiendo que había «corralito» a la vista, con lo que temblaron los depósitos de particulares en entidades catalanas en el resto de España; además, la Unión Europea, en un episodio sin clarificar, advirtiendo que Cataluña quedaría irremisiblemente en el limbo internacional. Para terminar, Rajoy patinando con conceptos de primero de Derecho sobre la situación de nacionalidad en que quedarían allí los españoles, que son todos, incluidos los catalanes, al dia siguiente de la DUI (Declaración Unilateral de Independencia). Y lo peor: al dia siguiente, cualquiera de estas afirmaciones se matizaron cuando no se rectificaron. Como remate de desatinos, por si faltaba poco, llegó la noticia el sábado, último dia de reflexión, de que «Mas va a ser procesado por el 9-N días después de las elecciones». Los promotores de la independencia deberían estar agradecidos a tanto estratega electoral torpe.

Todo indica que, independientemente de los resultados electorales del 27-S, el lunes 28 será la fecha de comienzo de una época nueva en la historia de Cataluña y en la historia de España. Habrá que formar gobierno y eso no será nada fácil desde la aritmética, ni desde la perspectiva de legitimidad. Esta vez va en serio. En el caso del simulacro de referéndum del 9-N todo era ensayo y decoración. Basta con decir que la pluma con la que el presidente Artur Mas firmó el decreto de convocatoria de aquella consulta fue posteriormente enviada al Museo de Historia de Cataluña, según confirma con una sonrisa irónica un ex conseller de la Generalitat. Como si Cataluña no tuviera historia que la acredita como una comunidad con un sólido pasado, para inventarse ahora un relato forzado y casi ridículo. Los subterfugios jurídicos para acelerar o para bloquear la DUI los tienen estudiados y listos para el combate ambos bandos pero nadie, o casi nadie, se ha preocupado de estudiar como se hará para cicatrizar la profunda fractura social creada en la población residente en Cataluña que los independentistas niegan y los que no lo son, callan para no ser señalados. Tensiones familiares graves que solo se combaten con silencios, o con menor frecuencia en los contactos, pandillas de amigos divididas y distancias sobrevenidas en los centros de trabajo que se disimulan sin demasiado éxito, El ejemplo de convivencia que siempre fue Cataluña está amenazado y, como decía el ex ministro Josep Piqué, sólo se puede arreglar prestigiando las instituciones y siendo conscientes de que la fractura existe y que conviene cicatrizarla con gran esfuerzo. Todo ha sido demasiado forzado: palabras exageradas, argumentos espurios, silencios eternos, complicidades cobardes, contraofensivas destempladas y emociones desbocadas. Demasiado como para que los daños sentimentales no se resientan. Pero aun así, habrá que reconstruir el paisaje después de la batalla.

tracking